Volveré cuando todas mis razones dejen de equidistar en sus labios.

Quien me iba a decir que encontraría el amor justo al lado. Estaba colocado estratégicamente para que no pudiese verle pero si mirarle. Puede que el miedo o la vergüenza me cegasen en su momento. Yo que sé.
Quien me iba a decir a mi que después de tantos corazones recorridos, después de tantos parches y costillas rotas por llorar demasiado, iba a encontrarle justo a mi ladito, como si hubiese estado esperando toda la vida a que llegara el momento.

Casi no escribo por su culpa. Él ya ha sanado todas mis heridas y no me queda dolor para escribir. Siempre que he escrito ha sido con el miedo que me da el amor, con el pinchacito que me estremecía el corazón o con las lágrimas impulsando la poesía desde dentro.Y él lo ha curado todo.

Lo único de lo que puedo quejarme en esta vida es de que las palabras ya no salen como antes. Sigo teniendo versos de tinta entre las costillas, pero les cuesta salir un poco. Siempre he dicho que los poetas son las personas más tristes de este mundo, y si se me ha ido la tristeza gracias a sus labios, qué se le va a hacer. Ya no soy poeta ni soy nada.
Sin embargo deberíais ver la poesía de altura que nos sale cada vez que nos miramos.
Joder, es que eso no se puede describir en un verso ni de coña.

Puede que deje de escribir poemas durante un tiempo, porque ahora estoy más ocupada en contarle los lunares y en arañarle la espalda, que en escribir o describir mi vida. Ya tendré tiempo cuando vuelva el dolor y el miedo. Ellos siempre vuelven.


No es una despedida, no me gusta la palabra Adiós.
Es un Hasta Luego,
un Hasta Siempre.

Volveré cuando todas mis razones dejen de equidistar en sus labios.

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Poesía entrópica