~Su sombra~

Su sombra le seguía.
Una mancha oscura pegada a sus talones seguía sus pasos. Desaparecía y volvía a aparecer, llevándola a la más extrema confusión. Miraba esa figura negra, asustada y recelosa, preguntándose por que la seguía de aquella manera.
A todas partes a las que iba, siempre se encontraba con su pequeña amiga desconocida.
La miraba una y otra vez.
Vigilaba su contorno atentamente, escuchando el sonido que provocaban sus propios pasos en la calle.
Se giraba y la perdía de vista, pero cuando volvía la cabeza levemente, allí estaba de nuevo.
A veces se dejaba ver en la penumbra de la noche, bajo la tenue luz de alguna farola, y era entonces cuando se paraba a observarla atentamente.
Ella movía un brazo, y aquella mujer pintada en el suelo imitaba su gesto. Giraba la cabeza haciendo que su largo cabello se despeinase, movía una pierna o saltaba y la sombra alargada hacía lo mismo.
Pero descubrió que aquella pequeña mujer no podía hacer todo lo que ella hacía.
Un día le habló, preguntándole como se llamaba y por que la seguía a todas partes, pero la mujer no le contestó y un largo silencio se interpuso entre ellas.
Finalmente, acabó aceptando que esa negra mujer no se separaría de ella nunca, y poco a poco se convirtió en su mejor amiga.
Iba por la calle hablando con ella, gesticulando y explicándole las situaciones de su vida.

La tacharon de loca

La gente se apartaba de ella a su paso, se quedaban mirándola con los ojos abiertos de par e par intentando ver con quien hablaba.

No podían creer que una chica tan bella  hubiese caído en la locura.

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Poesía entrópica