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1 de Septiembre, Cádiz, Festival Campano

Mi madre me parió sin saber que ella sería madre y padre al mismo tiempo, desconociendo en qué se convertiría ese trozo de carne que acababa de salir de sus piernas y aceptando todas y cada una de mis debilidades desde el minuto cero.
Mi madre me parió sin saber que a los 20 años me plantearía todas y cada una de las verdades que me han colocado en los hombros sin permiso, aceptando que yo iba a aceptar todo lo que el mundo ha aceptado.
Mi madre me parió y fui una, una sola y conmigo misma, luchando por dentro y por fuera, hacia dentro y hacia fuera. Inverso, reverso y vomitando rabia en cada una de las palabras que iba a escribir en mi vida.

Mi madre me parió, te parió y nos parió. Porque madre solo hay una, una sola y consigo misma.

Trago saliva, remuevo la lengua entre los dientes y respiro. Observo y me callo. Paladeo el momento y acaricio el placer que supone sentirse entendida por lo menos una vez en la vida. Veo pies descalzos, pelos sue…

Las tragedias del siglo XXI

Ya no me habla. Ha dejado de seguirme en Instagram.  ¡No ha visto mi historia!  ¿Por qué me ha dejado en visto?  Y ahora, ¿qué le contesto? Hoy me he enamorado 4 veces en el autobús y otras 3 de camino al Mercadona.  Y qué tragedia,  qué tragedia estos amores imposibles que no voy a volver a ver en la vida.  Se me ha caído el móvil y se me ha roto la pantalla, la cámara interna y todos mis followers.  Se han roto los followers.  Pero, ¿te puedes creer que me ha bloqueado en twitter? ¡Qué tragedia! Y qué me pongo esta tarde. Y qué me pongo esta noche.  No tengo tiempo. 
Pero el mundo se está muriendo.
Nos quedamos sin bosques, sin comida y sin agua. Nos morimos así, tal cual, lapidados por nosotros mismos.
Nos estamos condenando.
El Ser Humano se está muriendo. Dejo a un lado mi misantropía y me quito, botón a botón, la chaqueta del odio y puedo ver que mi sociedad se está perdiendo en una marea de despersonalización y pasividad. Insumisos.
No todo da igual, solo han dejado de importa…
Tengo el corazón lleno de girasoles
y el pecho a punto de estallar por las flores que han crecido de repente.
Los pétalos me hacen cosquillas en las costillas y yo solo quiero coquetear con tu boca.

El cuerpo me pide escribir sobre ti, literal y metafóricamente.
Cada esquinita de tu espalda es un salto de página y los dedos me gritan que te arañe, que escriba, que haga y deshaga, encima y debajo, con mordisquitos y besos por el cuello. Lento, muy lento.
Siempre despacito y con buena letra. Siempre con amor de mandarina y regusto a tabaco.

Qué quieres que te diga, tengo hasta las pestañas deseando verte.
Tengo el corazón y los labios llenitos de ti.
Tengo algo salvaje debajo del ombligo y me queda algo de libertad en el fondo de la boca.

¿Te vienes a escalar árboles conmigo y a refugiarnos bajo el edredón de todo lo malo del mundo?
Rojo
Azul
Amarillo
Verde
Luz
Más luz
Luces de colores subiendo, bajando, de lado, del derecho, del revés.
Luz, luz blanca, luz blanca de frente. Entrecierro los ojos. Se me empequeñecen las pupilas, ¿pero pueden? ¿tengo acaso pupilas?
Se enciende, se apaga, se enciende, se apaga. Parece una película y todos nos movemos muy lento.

Vuelo. Siento que vuelo. Arriba, abajo. Parece que salto y vuelo.
Aleteo y me elevo unos centímetros del sucio suelo. No sé si me gusta más el aire o la tierra.
Viento, frío. Bailo, me muevo.
Me intentan pegar un manotazo pero lo esquivo. Sigo volando. Estoy arriba, arribísima.
Voy puesta hasta arriba. Creo que es el polvo blanco, o la mierda, o todo junto. Hoy he comido mierda.

No sé a dónde mirar. Tengo demasiados ojos. Hay demasiadas luces. Subo, bajo, vuelo, siento que vuelo. Siento las vibraciones de los altavoces. No puedo posarme. No puedo parar.
Arriba, arriba, viento, arriba, abajo.
Más luz. Luz blanca yendo y viniendo. Rojo, azul, amarillo, morado, …
He subido a un autobús lleno de almas vivientes.
Nos tocábamos unos a otros, nos rozábamos, nos mirábamos intentando saber qué había más allá.
Era casi erótico el baile que practicábamos entre los arranques y los frenazos, entre los roces de manos, de culos, de pelvis y culos, de piernas, de brazos, de brazos y cuellos.

Coincidir. Simplemente coincidir.
Detrás de mi, un piano y un músico hacían equilibrio. Madrileños. Aires de bohemios. Juntos y callados. Pronunciaban todas las consonantes y eso era raro.
Sigo con el rabillo del ojo la conversación de whatsap de la chica que está delante de mi. Le dolía la cabeza esta mañana y acaba de salir de trabajar. El viernes tiene turno de tarde, de 17 a 21. Está cansada y hoy no sale de cervezas, ni de fiesta, ni se enrollará con nadie. Tampoco se torcerá el tobillo en el escalón de la discoteca ni se preocupará por cómo le quedan los pantalones nuevos.
A su lado, una mujer mira en Facebook una noticia sobre los maestros de las escuelas públic…

Los poetas mindundis

Hay un ser más sociológico que mitológico que está conquistando las calles.
Es un animal tanto diurno como nocturno,
que no tiene horario fijo ni un atuendo definido.
No suele ir en manada pues es un ser individual, único e inigualable.
Hablo del poeta.

Pero, aclaremos una cosa:
hay muchas especies de poetas,
poetas antiguos,
poetas hombres,
poetas mujeres,
poetas reivindicativos.
poetas guasones,
poetas exiliados,
poetas muertos,
poetas olvidados,
poetas que escriben de verdad
y poetas que usan las páginas para limpiarse el culo y lo llaman poesía.
Poetas hay por todos lados,
en los bares,
en los baños,
en los botellones
y en los apartamentos más caros de toda la ciudad.
Hay poetas que escriben en papel,
en internet,
en las paredes,
en las fachadas,
en las puertas de los baños,
en libros,
en servilletas.

No, si poetas hay a montones.
Pero... pero hay una especie especial de poeta que está multiplicándose de forma asombrosa.
Es el llamado poeta mindundi.
Puede adquirir cualquier apari…
En ese momento sentía el dolor del mundo en cada una de mis vértebras.
Sentía el quejido de las heridas sin cerrar,
cada uno de los gritos que habían resonado en mi cabeza
y las agujetas de un corazón que palpitaba a contratiempo.

En ese momento pensaba en los niños que no tienen qué comer,
en los gatos que mueren de sed,
en los perros atropellados
en los hombres que piden en la calle,
en las mujeres que lloran en la esquina de la habitación.

Pero el bullicio se fue apagando.
Ya casi no oía cómo el mundo se lamentaba. Ni siquiera oía mi propio llanto.
Allí, al amparo de su cuello y con su mano en la espalda podía percibir perfectamente como todo lo que dolía se hacía muy muy muy pequeño.

Aquello era amor.
Un amor lento, del que no se espera nada, del que no se quiere nada.

Me bailaban las ganas de besar debajo de la lengua, pero ni siquiera hacía falta.
Con una caricia nos lo habíamos dicho todo.



Este año he podido crecer y aprender cada miércoles en el Rastrel, un bar salmantino que me ha cautivado. Solo espero que podáis sentir debajo de la piel una mínima parte de todo lo que yo he amado desde la barra. Solo quiero que podáis sentir debajo de la piel la libertad que yo he sentido encerrada entre aquellas cuatro paredes. 
Al Rastrel, donde siempre he sido libre



Entro y me siento. El cristal de la ventana está húmedo. Está empañado. Llora.

Se sube un hombre al escenario y todo el mundo calla. No se oye masticar ni el choque del vaso con la barra. Casi no se oye la respiración, pero la escalera sí que suena. La puñetera escalera que se queja constantemente y de la que los músicos y los poetas estamos hartos.

Empieza, todo empieza. Acaba. Vuelve a empezar y vuelve a acabar.

Me voy.

Entro y me siento. Esta vez sonrío. Escucho. Me emociono, me pongo nerviosa, lloro por dentro, se me pone la piel de gallina y vuelvo a irme.

Entro, me siento. Miro la pared del fondo y me pregunto qué …
Una mujer en silla de ruedas mira el escaparate de una zapatería. Ella quería ser bailarina de claqué.

Un hombre mastica el chicle de hierbabuena sin azúcares añadidos que se ha metido hace unas horas en la boca, pero intenta paladear los aromas que salen de la panadería que hay enfrente. El hombre se escucha el estómago rugir y se mira las piernas gordas, extremadamente gordas. Todavía sigue intentando entrar en la talla 34.

Una mujer ojerosa, con los dientes amarillos y el hígado destrozado, mira la licorería que hay enfrente de su casa mientras se dirige al centro de alcohólicos anónimos. Piensa qué hará con todo el dinero que ya no se gasta en botellas de Whisky barato y piensa en una playa del Caribe. Pero se ve sola y solo piensa en el mojito y la cumbia.

Un hombre observa a los niños en el parque, cuenta las patadas al balón, las faldas de colores y los castillos de arena. Entrecruza los dedos, cierra los ojos y se imagina esa risa que acaba de sonar saliendo de la habitación n…
Las mujeres somos de carne y hueso.
¡Sorpresa!
Tenemos manchas en la cara, lunares feos, granos y pelos en el entrecejo. Algunas tenemos hasta bigote.
Tenemos las tetas caídas y con estrías. A veces no salen las dos iguales y una es un par de tallas más grande que la otra. Los pezones pueden ser muy grandes o muy pequeños, muy claros o muy oscuros, pero están ahí a pesar de que Instagram lo niegue, lo oculte y lo censure.
Las mujeres también tenemos barrigas grandes, con michelines por los cuatro costados. No siempre tenemos la cinturita de avispa que venden los carteles de publicidad del Corte Inglés. Aunque también hay mujeres con cinturas de avispa y esas son, precisamente, las que salen en el anuncio del Corte Inglés.
Solemos tener más estrías en las caderas, en el culo, en los muslos e incluso detrás de las rodillas. Me gusta pensar que las estrías son los arañazos que nos hacemos luchando contra el patriarcado.
Tenemos el culo grande, las piernas gordas y unas pantorrillas que n…

La urna de cristal

Dos personas amándose no son más que un microcosmos en este mundo de mierda.

Cuando abrazas, besas o haces el amor con alguien a quien quieres se produce un fenómeno espacio-temporal que aún no ha sido estudiado. Pequeños átomos de perfil transparente se quedan suspendidos alrededor de las personas que están abrazándose, besándose o haciéndose el amor y se crea una urna de cristal, casi tan frágil como el amor verdadero, que solo puede ser quebrada por una inoportuna y cabrona interrupción:
Que llegue tu madre a casa,
que suene el pitido del horno,
que empiece a llorar el niño pequeño que creías dormido
o que tu compañera de piso pegue el portazo de su vida para demostrar empíricamente que ha llegado a casa.

Creo que voy a bautizar esto como "el fenómeno de la urna de cristal". La metáfora es más bonita si pensamos en el cristal empañado de una habitación cerrada, pequeña, con dos personas queriéndose despacio (pero a buen ritmo) encima del colchón. La metáfora es aún más bo…
Salgo de casa y una mujer joven sujeta la mano de una niña mientras mantiene el equilibrio en una fila de adoquines. Solo espero que la joven no haya sido obligada a parir, amamantar y cuidar una criatura que no quería. Solo espero que la niña entienda que puede rebelarse contra la falda del uniforme, ensuciarse las rodillas, romperse las medias y estropear los zapatos jugando al fútbol. Si quiere.

La camarera me mira desde el otro lado del cristal con ojos enrojecidos por el porro que acaba de fumarse en la esquina. Solo espero que no sea una forma de tranquilizarse porque le acaban de gritar una guarrada. Solo espero que la calada no vaya porque alguien le ha levantado la falda y que nadie le haya tocado el culo detrás de la barra.

Pasa una mujer uniformada con falda de tubo, camisa pegada y americana tailandesa, con un tic-tac en sus talones. Espero que sea la jefa. Espero que destroce algún que otro meñique con esas agujas que lleva por zapatos si alguno se sobrepasa. Espero que l…
Estoy sentada en mi escritorio con el portátil enfrente, un par de libros a un lado y la soledad detrás de mi. Estoy sola conmigo misma. Levanto la vista y veo que a los árboles de la calle de enfrente le están naciendo las primeras hojas. La primavera ha llegado, pero sigue lloviendo, tanto por dentro como por fuera.  Este año he visto el sol, la lluvia y la nieve, tanto metafórica como literalmente. Ese año las estaciones no han pasado solo por el calendario, también se han asentado en mis costillas.  El frío, el calor. La humedad. El agua. El llanto. Lo bueno y lo malo.  Después de la vorágine de inestabilidad en la que se había convertido mi vida, ha llegado la coma entre comillas. Ha llegado una pausa con un par de comillas atadas a unas muñecas. Entre ellas hay un espacio infinito en el que se guardan todos sus secretos.  Tiene poesía, naturaleza, alcohol y tristeza. Tiene reivindicación, rebeldía y la conciencia de un pueblo en el costado. Tiene la sangre roja, muy roja, los c…

Madres nuestras

Madres nuestras que estáis en casa, siempre en casa,
santificadas seáis por cada uno de los pecados que habéis cometido en nuestro nombre:
por mentir a quien nos buscaba para hacernos daño,
por odiar a quien nos ha hecho llorar,
por querer matar al primer amor que nos rompió el corazón.
Venga a nosotras vuestros reinos, aquellos que habéis labrado con tanto esfuerzo, sudor y sangre. Reinos heredados, traspasados de una espalda a otra, de madre a hija, de mujer a mujer. Reinos contra los que tenemos que luchar porque ya no somos princesas: hemos tirado la corona y sin querer hemos incendiado la bandera real. Vaya.
Háganse vuestras voluntades en la tierra como en el cielo, es decir, haced lo que os de la puta gana: salid, entrad, amad, gastad vuestro tiempo en vosotras mismas. Sed felices por lo menos una vez en la vida. O en la siguiente, si Dios lo quiere.
Dadnos hoy vuestro pan de cada día, ese que os ha impulsado cada hora, minuto y segundo de vuestra existencia. Compartid el secret…
Hoy se me ha caído el corazón al suelo.
No tengo mariposas en el estómago.
No tengo pájaros en la cabeza
ni luciérnagas en los ojos.
Ni siquiera me quedan fuerzas primates luchando en mis costados.
Están todos muertos.
Todos. Muertos.
Todos en peligro de extinción.

Las especies lloran.
Un gato ha sido quemado vivo, y aún llora calcinado.
Y mi gata llora.
Un jabalí ha sido apaleado y ahogado en un río. Sus lágrimas se confunden con la riada y ya nadie distingue la tristeza de la fuerza de la lluvia.
Se maltratan animales tras las cortinas de cada circo, y por cada vez que un niño ríe al verlo subir en una pelota inestable, hay ocho latigazos en cada pierna.

Se matan perros porque las perreras están más llenas que el parlamento cuando toca hablar de la brecha salarial.
Se matan perros y todos los ladridos pasan desapercibidos entre los quejidos de la ciudad.

Detrás de la colonia que me pongo todos los días, detrás de la crema que uso para que no se me agrieten las manos, hay un conejo c…
Afilado igual que una lengua entrenada
con dientes que destrozan la carne.
Pincha, corta, sangra.
El frío del acero.
La simpleza moral de la madera.
Sin recuerdos pero con sombras en los ojos y en el pecho.
Gritos por dentro y por fuera.
Gritos que luchan por llorar,
y una niña cayéndose de la bicicleta.

Crecer consiste en dejar de llorar y en quedarse en un rincón de la cama deseando que sea domingo
siempre.
Llorar por dentro,
de tristeza,
de amor,
e miedo,
de soledad,
pero solo y siempre por dentro.

Un frío cuchillo se queda en el sitio indicado de la mesa.

Ya no lloro, ya no llora la niña de la bicicleta.
Ya no vuela, ni ama, ni escribe,
La niña solo jugaba a serescritora
y crecer consiste en dejar de soñar con utopías
y llorar en el rincón de la cama deseando que sea domingo
siempre.

Estoy enferma.
Estoy enferma y la ponzoña me está devorando el estómago, el corazón y el alma.

Eso se llama sociedad.

Se puede cantar el Cara al sol en medio de Madrid con banderas españolas, muy españolas y mucho españolas, pero acosan y critican a una chica catalana de 18 años por llevar un jersey amarillo.

Eso se llama sociedad.

Los de arriba son intocables y casi inmortales. M. Rajoy se atreve a subirse el sueldo cuando todavía hay gente pidiendo en la calle.
Pero eh, no nos metamos en eso. Qué lío debe ser igualar el salario de dos personas que hacen lo mismo pero se diferencian por lo que tienen entre las piernas. Puf, qué follón.

Eso se llama sociedad.

No hablemos de la desigualdad, de la represión, de la opresión, de la pobreza intelectual y del dolor que provoca el conocimiento.
Duele, duele ver que todo es una mierda y que el ser humano es corrupto por naturaleza, que busca lo peor para todos y el suyo beneficio.
Yo misma paso por delante del supermercado esquivando la mano …
Tengo los ojos rojos y cansados de no haber dormido una mierda,
las piernas me tiemblan por bailar en la discoteca y en mi cama
y no sé si tengo hambre, sueño o más ganas de él. 

Acaba de salir por mi puerta
y se lo ha llevado casi todo. Casi. 
Me ha dejado el sabor de tabaco en la lengua,
el rastro de su barba en las mejillas
y un par de mordiscos en el alma.

Quiero escribir sobre él aunque el resultado sea un texto-basura.
Quiero escribir sobre él porque no quiero que se me olvide nunca.
Ha sido algo más que un polvo a las seis de la mañana,
ha sido algo más que cuatro orgasmos y siete caricias.
Han sido dos cuerpos entendiéndose a la perfección y danzando entre el erotismo y el amor.
Ha sido una mirada hacia dentro.
Qué ojos, madre mía sus ojos.  Hacía tiempo que no perdía de esta manera. 
Es imposible que dos cuerpos se entiendan tan bien en el primer baile.
El tiempo pasaba y yo sólo quería estar despierta para seguir respirándole.
El tiempo pasaba y no quería cerrar los ojos.
E…
¿Cómo se soporta la soledad cuando estás rodeada de gente?

¿Te has sentido alguna vez especial?
No sé, como si tuvieses una luz dentro de un color cálido y agradable.
Como si el mundo te necesitase para algo.
Como si alguien te necesitase.
Pues es horrible perder esa sensación y sentir que empequeñeces con cada hora que pasa.

He salido a dar un paseo,
me he sentado a ver el atardecer y he llorado.
No por la belleza que veía, no por la bandada de pájaros que ha salido volando. Ni siquiera he llorado por la soledad que me rodeaba el pecho y el cuerpo.
He llorado porque he sentido, por primera vez en mi vida, que nadie me necesita.
Está bien cuando no quieres establecer lazos demasiado fuertes con la gente que te rodea, pero es horrible cuando tú si necesitas a alguien a tu lado.

¿Dónde está el señor Don Gato?

La primera vida de una gata siempre es un desastre.
Es el momento de aprender cómo va el mundo,
ser limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
La primera vida de una gata siempre consiste en ser esclava.

La segunda vida de una gata sigue siendo un desastre,
pero la gata empieza a tomar conciencia.
Es limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
La gata sabe que es esclava por ser gata y no gato,
sabe que eso no está bien,
pero sigue con el rabo entre las piernas y las orejas bajadas.

La tercera vida de una gata ya no es desastre,
solo es complicada.
Sigue siendo limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
Sigue siendo esclava.
Pero la gata maúlla, se queja y grita.
No le gusta y lo dice.
Lo dice, lo odia, lo aborrece.
Pero lo hace.

La cuarta vida de una gata es el preludio a la tormenta.
La gata está hasta los bigotes.
Se ha sentado con el culo bien puesto,
la espalda recta,
y el rabo a un lado.
El señor Don…

Poesía entrópica