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Los poetas mindundis

Hay un ser más sociológico que mitológico que está conquistando las calles.
Es un animal tanto diurno como nocturno,
que no tiene horario fijo ni un atuendo definido.
No suele ir en manada pues es un ser individual, único e inigualable.
Hablo del poeta.

Pero, aclaremos una cosa:
hay muchas especies de poetas,
poetas antiguos,
poetas hombres,
poetas mujeres,
poetas reivindicativos.
poetas guasones,
poetas exiliados,
poetas muertos,
poetas olvidados,
poetas que escriben de verdad
y poetas que usan las páginas para limpiarse el culo y lo llaman poesía.
Poetas hay por todos lados,
en los bares,
en los baños,
en los botellones
y en los apartamentos más caros de toda la ciudad.
Hay poetas que escriben en papel,
en internet,
en las paredes,
en las fachadas,
en las puertas de los baños,
en libros,
en servilletas.

No, si poetas hay a montones.
Pero... pero hay una especie especial de poeta que está multiplicándose de forma asombrosa.
Es el llamado poeta mindundi.
Puede adquirir cualquier apari…
En ese momento sentía el dolor del mundo en cada una de mis vértebras.
Sentía el quejido de las heridas sin cerrar,
cada uno de los gritos que habían resonado en mi cabeza
y las agujetas de un corazón que palpitaba a contratiempo.

En ese momento pensaba en los niños que no tienen qué comer,
en los gatos que mueren de sed,
en los perros atropellados
en los hombres que piden en la calle,
en las mujeres que lloran en la esquina de la habitación.

Pero el bullicio se fue apagando.
Ya casi no oía cómo el mundo se lamentaba. Ni siquiera oía mi propio llanto.
Allí, al amparo de su cuello y con su mano en la espalda podía percibir perfectamente como todo lo que dolía se hacía muy muy muy pequeño.

Aquello era amor.
Un amor lento, del que no se espera nada, del que no se quiere nada.

Me bailaban las ganas de besar debajo de la lengua, pero ni siquiera hacía falta.
Con una caricia nos lo habíamos dicho todo.



Este año he podido crecer y aprender cada miércoles en el Rastrel, un bar salmantino que me ha cautivado. Solo espero que podáis sentir debajo de la piel una mínima parte de todo lo que yo he amado desde la barra. Solo quiero que podáis sentir debajo de la piel la libertad que yo he sentido encerrada entre aquellas cuatro paredes. 
Al Rastrel, donde siempre he sido libre



Entro y me siento. El cristal de la ventana está húmedo. Está empañado. Llora.

Se sube un hombre al escenario y todo el mundo calla. No se oye masticar ni el choque del vaso con la barra. Casi no se oye la respiración, pero la escalera sí que suena. La puñetera escalera que se queja constantemente y de la que los músicos y los poetas estamos hartos.

Empieza, todo empieza. Acaba. Vuelve a empezar y vuelve a acabar.

Me voy.

Entro y me siento. Esta vez sonrío. Escucho. Me emociono, me pongo nerviosa, lloro por dentro, se me pone la piel de gallina y vuelvo a irme.

Entro, me siento. Miro la pared del fondo y me pregunto qué …
Una mujer en silla de ruedas mira el escaparate de una zapatería. Ella quería ser bailarina de claqué.

Un hombre mastica el chicle de hierbabuena sin azúcares añadidos que se ha metido hace unas horas en la boca, pero intenta paladear los aromas que salen de la panadería que hay enfrente. El hombre se escucha el estómago rugir y se mira las piernas gordas, extremadamente gordas. Todavía sigue intentando entrar en la talla 34.

Una mujer ojerosa, con los dientes amarillos y el hígado destrozado, mira la licorería que hay enfrente de su casa mientras se dirige al centro de alcohólicos anónimos. Piensa qué hará con todo el dinero que ya no se gasta en botellas de Whisky barato y piensa en una playa del Caribe. Pero se ve sola y solo piensa en el mojito y la cumbia.

Un hombre observa a los niños en el parque, cuenta las patadas al balón, las faldas de colores y los castillos de arena. Entrecruza los dedos, cierra los ojos y se imagina esa risa que acaba de sonar saliendo de la habitación n…
Las mujeres somos de carne y hueso.
¡Sorpresa!
Tenemos manchas en la cara, lunares feos, granos y pelos en el entrecejo. Algunas tenemos hasta bigote.
Tenemos las tetas caídas y con estrías. A veces no salen las dos iguales y una es un par de tallas más grande que la otra. Los pezones pueden ser muy grandes o muy pequeños, muy claros o muy oscuros, pero están ahí a pesar de que Instagram lo niegue, lo oculte y lo censure.
Las mujeres también tenemos barrigas grandes, con michelines por los cuatro costados. No siempre tenemos la cinturita de avispa que venden los carteles de publicidad del Corte Inglés. Aunque también hay mujeres con cinturas de avispa y esas son, precisamente, las que salen en el anuncio del Corte Inglés.
Solemos tener más estrías en las caderas, en el culo, en los muslos e incluso detrás de las rodillas. Me gusta pensar que las estrías son los arañazos que nos hacemos luchando contra el patriarcado.
Tenemos el culo grande, las piernas gordas y unas pantorrillas que n…

La urna de cristal

Dos personas amándose no son más que un microcosmos en este mundo de mierda.

Cuando abrazas, besas o haces el amor con alguien a quien quieres se produce un fenómeno espacio-temporal que aún no ha sido estudiado. Pequeños átomos de perfil transparente se quedan suspendidos alrededor de las personas que están abrazándose, besándose o haciéndose el amor y se crea una urna de cristal, casi tan frágil como el amor verdadero, que solo puede ser quebrada por una inoportuna y cabrona interrupción:
Que llegue tu madre a casa,
que suene el pitido del horno,
que empiece a llorar el niño pequeño que creías dormido
o que tu compañera de piso pegue el portazo de su vida para demostrar empíricamente que ha llegado a casa.

Creo que voy a bautizar esto como "el fenómeno de la urna de cristal". La metáfora es más bonita si pensamos en el cristal empañado de una habitación cerrada, pequeña, con dos personas queriéndose despacio (pero a buen ritmo) encima del colchón. La metáfora es aún más bo…
Salgo de casa y una mujer joven sujeta la mano de una niña mientras mantiene el equilibrio en una fila de adoquines. Solo espero que la joven no haya sido obligada a parir, amamantar y cuidar una criatura que no quería. Solo espero que la niña entienda que puede rebelarse contra la falda del uniforme, ensuciarse las rodillas, romperse las medias y estropear los zapatos jugando al fútbol. Si quiere.

La camarera me mira desde el otro lado del cristal con ojos enrojecidos por el porro que acaba de fumarse en la esquina. Solo espero que no sea una forma de tranquilizarse porque le acaban de gritar una guarrada. Solo espero que la calada no vaya porque alguien le ha levantado la falda y que nadie le haya tocado el culo detrás de la barra.

Pasa una mujer uniformada con falda de tubo, camisa pegada y americana tailandesa, con un tic-tac en sus talones. Espero que sea la jefa. Espero que destroce algún que otro meñique con esas agujas que lleva por zapatos si alguno se sobrepasa. Espero que l…
Estoy sentada en mi escritorio con el portátil enfrente, un par de libros a un lado y la soledad detrás de mi. Estoy sola conmigo misma. Levanto la vista y veo que a los árboles de la calle de enfrente le están naciendo las primeras hojas. La primavera ha llegado, pero sigue lloviendo, tanto por dentro como por fuera.  Este año he visto el sol, la lluvia y la nieve, tanto metafórica como literalmente. Ese año las estaciones no han pasado solo por el calendario, también se han asentado en mis costillas.  El frío, el calor. La humedad. El agua. El llanto. Lo bueno y lo malo.  Después de la vorágine de inestabilidad en la que se había convertido mi vida, ha llegado la coma entre comillas. Ha llegado una pausa con un par de comillas atadas a unas muñecas. Entre ellas hay un espacio infinito en el que se guardan todos sus secretos.  Tiene poesía, naturaleza, alcohol y tristeza. Tiene reivindicación, rebeldía y la conciencia de un pueblo en el costado. Tiene la sangre roja, muy roja, los c…

Madres nuestras

Madres nuestras que estáis en casa, siempre en casa,
santificadas seáis por cada uno de los pecados que habéis cometido en nuestro nombre:
por mentir a quien nos buscaba para hacernos daño,
por odiar a quien nos ha hecho llorar,
por querer matar al primer amor que nos rompió el corazón.
Venga a nosotras vuestros reinos, aquellos que habéis labrado con tanto esfuerzo, sudor y sangre. Reinos heredados, traspasados de una espalda a otra, de madre a hija, de mujer a mujer. Reinos contra los que tenemos que luchar porque ya no somos princesas: hemos tirado la corona y sin querer hemos incendiado la bandera real. Vaya.
Háganse vuestras voluntades en la tierra como en el cielo, es decir, haced lo que os de la puta gana: salid, entrad, amad, gastad vuestro tiempo en vosotras mismas. Sed felices por lo menos una vez en la vida. O en la siguiente, si Dios lo quiere.
Dadnos hoy vuestro pan de cada día, ese que os ha impulsado cada hora, minuto y segundo de vuestra existencia. Compartid el secret…
Hoy se me ha caído el corazón al suelo.
No tengo mariposas en el estómago.
No tengo pájaros en la cabeza
ni luciérnagas en los ojos.
Ni siquiera me quedan fuerzas primates luchando en mis costados.
Están todos muertos.
Todos. Muertos.
Todos en peligro de extinción.

Las especies lloran.
Un gato ha sido quemado vivo, y aún llora calcinado.
Y mi gata llora.
Un jabalí ha sido apaleado y ahogado en un río. Sus lágrimas se confunden con la riada y ya nadie distingue la tristeza de la fuerza de la lluvia.
Se maltratan animales tras las cortinas de cada circo, y por cada vez que un niño ríe al verlo subir en una pelota inestable, hay ocho latigazos en cada pierna.

Se matan perros porque las perreras están más llenas que el parlamento cuando toca hablar de la brecha salarial.
Se matan perros y todos los ladridos pasan desapercibidos entre los quejidos de la ciudad.

Detrás de la colonia que me pongo todos los días, detrás de la crema que uso para que no se me agrieten las manos, hay un conejo c…
Afilado igual que una lengua entrenada
con dientes que destrozan la carne.
Pincha, corta, sangra.
El frío del acero.
La simpleza moral de la madera.
Sin recuerdos pero con sombras en los ojos y en el pecho.
Gritos por dentro y por fuera.
Gritos que luchan por llorar,
y una niña cayéndose de la bicicleta.

Crecer consiste en dejar de llorar y en quedarse en un rincón de la cama deseando que sea domingo
siempre.
Llorar por dentro,
de tristeza,
de amor,
e miedo,
de soledad,
pero solo y siempre por dentro.

Un frío cuchillo se queda en el sitio indicado de la mesa.

Ya no lloro, ya no llora la niña de la bicicleta.
Ya no vuela, ni ama, ni escribe,
La niña solo jugaba a serescritora
y crecer consiste en dejar de soñar con utopías
y llorar en el rincón de la cama deseando que sea domingo
siempre.

Estoy enferma.
Estoy enferma y la ponzoña me está devorando el estómago, el corazón y el alma.

Eso se llama sociedad.

Se puede cantar el Cara al sol en medio de Madrid con banderas españolas, muy españolas y mucho españolas, pero acosan y critican a una chica catalana de 18 años por llevar un jersey amarillo.

Eso se llama sociedad.

Los de arriba son intocables y casi inmortales. M. Rajoy se atreve a subirse el sueldo cuando todavía hay gente pidiendo en la calle.
Pero eh, no nos metamos en eso. Qué lío debe ser igualar el salario de dos personas que hacen lo mismo pero se diferencian por lo que tienen entre las piernas. Puf, qué follón.

Eso se llama sociedad.

No hablemos de la desigualdad, de la represión, de la opresión, de la pobreza intelectual y del dolor que provoca el conocimiento.
Duele, duele ver que todo es una mierda y que el ser humano es corrupto por naturaleza, que busca lo peor para todos y el suyo beneficio.
Yo misma paso por delante del supermercado esquivando la mano …
Tengo los ojos rojos y cansados de no haber dormido una mierda,
las piernas me tiemblan por bailar en la discoteca y en mi cama
y no sé si tengo hambre, sueño o más ganas de él. 

Acaba de salir por mi puerta
y se lo ha llevado casi todo. Casi. 
Me ha dejado el sabor de tabaco en la lengua,
el rastro de su barba en las mejillas
y un par de mordiscos en el alma.

Quiero escribir sobre él aunque el resultado sea un texto-basura.
Quiero escribir sobre él porque no quiero que se me olvide nunca.
Ha sido algo más que un polvo a las seis de la mañana,
ha sido algo más que cuatro orgasmos y siete caricias.
Han sido dos cuerpos entendiéndose a la perfección y danzando entre el erotismo y el amor.
Ha sido una mirada hacia dentro.
Qué ojos, madre mía sus ojos.  Hacía tiempo que no perdía de esta manera. 
Es imposible que dos cuerpos se entiendan tan bien en el primer baile.
El tiempo pasaba y yo sólo quería estar despierta para seguir respirándole.
El tiempo pasaba y no quería cerrar los ojos.
E…
¿Cómo se soporta la soledad cuando estás rodeada de gente?

¿Te has sentido alguna vez especial?
No sé, como si tuvieses una luz dentro de un color cálido y agradable.
Como si el mundo te necesitase para algo.
Como si alguien te necesitase.
Pues es horrible perder esa sensación y sentir que empequeñeces con cada hora que pasa.

He salido a dar un paseo,
me he sentado a ver el atardecer y he llorado.
No por la belleza que veía, no por la bandada de pájaros que ha salido volando. Ni siquiera he llorado por la soledad que me rodeaba el pecho y el cuerpo.
He llorado porque he sentido, por primera vez en mi vida, que nadie me necesita.
Está bien cuando no quieres establecer lazos demasiado fuertes con la gente que te rodea, pero es horrible cuando tú si necesitas a alguien a tu lado.

¿Dónde está el señor Don Gato?

La primera vida de una gata siempre es un desastre.
Es el momento de aprender cómo va el mundo,
ser limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
La primera vida de una gata siempre consiste en ser esclava.

La segunda vida de una gata sigue siendo un desastre,
pero la gata empieza a tomar conciencia.
Es limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
La gata sabe que es esclava por ser gata y no gato,
sabe que eso no está bien,
pero sigue con el rabo entre las piernas y las orejas bajadas.

La tercera vida de una gata ya no es desastre,
solo es complicada.
Sigue siendo limpiadora,
cocinera,
lavandera,
planchadora,
recogedora,
barrendera.
Sigue siendo esclava.
Pero la gata maúlla, se queja y grita.
No le gusta y lo dice.
Lo dice, lo odia, lo aborrece.
Pero lo hace.

La cuarta vida de una gata es el preludio a la tormenta.
La gata está hasta los bigotes.
Se ha sentado con el culo bien puesto,
la espalda recta,
y el rabo a un lado.
El señor Don…
Querida compañera,
no te marches todavía.
Querida compañera,
no temas,
no sufras,
no cedas.
Llora,
tiembla,
que yo te estoy abrazando fuerte.

Querida compañera,
no te marches todavía.
El sol tiene ganas de verte.
El cielo te anhela.
El césped espera tus caricias.
La arena todavía quiere molestar tus dedos de los pies.
Los espejos necesitan tu mirada de soslayo.
Tu tristeza tiene ganas de marcharse.

Todos los desastres del mundo están detrás de la puerta.
Están sentados esperando encima de las bisagras
con sus manos negras y sus lenguas bífidas.
Todos los demonios del mundo tienen cara de persona,
con ojos de cristal que solo miran hacia dentro,
con manos cubiertas de escarcha. El frío nos hiela a todos.
Querida compañera,
el mundo está hecho una mierda,
la gente llora,
tiembla
y no hay nadie abrazándolos fuerte.

Querida compañera,
no te marches todavía.
Nos queda una vida para conocernos,
125.000 recuerdos que hacer,
35.000 fotos,
y solo dos minutos para demostrarte lo mucho que te ne…
Creo que he escuchado unas 5.378 veces que el amor es una mierda, que "yo no me enamoro", que "no creo en esas cosas", y un largo etcétera que podríamos completar perfectamente entre todos.

Chicos, chicas, estáis equivocados.
El amor no es una mierda.
La forma que han tenido de vendernos el amor es una mierda.
Que te pongan los cuernos es el ataque más fuerte y dañino contra tu dignidad. Se acepta que mires a otra chica si eres hombre y luego haces un comentario obsceno sobre su culo como si fuese un culo pegado a una chica y no al revés; pero mirar a otro hombre siendo mujer es escandaloso y recriminable por cualquier persona que haya oído tu comentario o haya apreciado que tu mirada iba dirigida al paquete de ese tío.

Chico conoce a chica (porque la chica nunca conoce primero al chico). 19 y 16 años respectivamente (porque la chica nunca va a ser mayor que el chico). Están destinados a vivir juntos, casarse y tener hijos, y no enamorarse ni mirar a nadie más en lo…
Imaginemos dos machirulos encontrándose después de dos meses. Se saludarán efusivamente golpeando con fuerza la espalda del otro para dejar claro que son amigos y solo amigos. Uno de ellos dirá entonces "¡Ey!, ¿Qué pasaaaa?".
Supongamos entonces que una pequeña Amélie Poulain está sentada en el banco de al lado y oye ese inicio de una conversación superflua, mientras el "qué pasa" se queda aleteando en los adoquines con forma de mariposa a punto de morir.
¿Por qué Amélie?
Porque es experta en imaginarse historias que pudieron ser ciertas.

Qué pasa. Qué- pasa.
Pasa  un coche de conductor maleducado que no cede el paso a los peatones.
Pasa un perro de pelo crespo al que nadie ha acariciado desde hace tres semanas.
Pasa una niña  hablando con su mejor amiga. Aún no sabe que será su primer amor y que será la primera en romperle el corazón a golpes.
Pasa una pareja de ancianos que nunca se han querido y dos jóvenes que acaban de prometerse una vida.
Pasa un chico que ac…
Un cielo estrellado y dos chicos en la parte delantera del coche.
Parece el inicio de una bonita historia de amor,
y puede que fuese factible si alguno de los dos hubiese mostrado tener más de dos neuronas en el cerebro.
Pero no.
Estos dos chicos no saben que voy a escribir sobre ellos,
y en cierta manera, esto será mi pequeña venganza.

Mi mente de filóloga en potencia estaba sumida en una vorágine de preguntas sin respuesta.
Los mencionados individuos utilizaban la palabra "pavo" para referirse:
1. Al pavo animal.
2. A un chico o chica joven.
3. Al dinero.
Y una yo,
frustrada y en silencio,
intentaba descubrir de dónde procede la polisemia del vocablo,
mil veces nombrado,
"pavo".

La rabia contenida y la razón de este texto incalificable no viene dado,
ni mucho menos,
por el amplísimo vocabulario del que hacían uso.
Y es que los sujetos de mi estudio puntuaban.
Ponían nota a las mujeres que conocían, siendo 0 un número deplorable y 10 el aprobado cum laude.
No sé e…
Una mujer se sienta en el sillón central de la sala. Ni su físico ni su ropa tiene relación con los hechos que van a describirse a continuación, pero aún así cualquier persona que narre el suceso hará hincapié en el color de su pelo, en las arrugas que tiene al final de los ojos y en lo mal que le queda ese vestido. Al parecer la forma de su cuerpo no está hecha para esa prenda, ni para cualquier otra que a ella le de la gana llevar. Repito que no es algo relevante, pero todos lo convertirán en algo importante por el simple hecho de que esa persona que se sienta en el sillón central de la sala sea una mujer.  Delante de la mujer hay una gran urna transparente, reluciente y vacía. Todavía vacía. Y delante de esa caja cristalina y frágil se encuentra una gran multitud papeleta mano. En efecto, querido lector o querida lectora, estamos ante una votación popular.  La mujer que se sienta delante de la urna no es ni mucho menos una de las candidatas a ocupar el puesto vacante en una adminis…

Poesía entrópica