~Demás~

Se me acercó con una sonrisa en los labios, esperando a que le besase. Acercó su boca a la mía, pero yo le frené. Puse mis manos en su pecho y lo empujé delicadamente hacia atrás, miré alrededor y luego, lo miré a él.
Él me suplicaba con los ojos que le besase, que lo necesitaba, que me necesitaba.
Le negué con la cabeza, no podía.
¿Qué dirían de mi?

Enfurecido, con un gesto de decepción en el rostro, dio media vuelta.
Lo vi alejarse, atónita, viendo como se me escapaba.

-¡Espera!-grité- ¡No puedes irte así!

Paró. Aún dándome la espalda vi como agachaba la cabeza. Dio media vuelta y volvió.
Las lágrimas amenazaban con caer.

-Toda mi vida la he pasado pendiente del mundo. Que no me viesen, que no me mirase, que no hablasen de mi ni de mi familia. No hacer esto por si se reían de mí o no preguntar aquello por lo mismo. No he querido hacer ciertas cosas en público por miedo a que me  mirasen mal, no me visto como quiero ni digo lo que pienso por vergüenza, por que no quiero que digan nada de mi, de mi familia, de mis padres o de alguien de mi entorno.
Me avergüenzo de mí, de mi vida, de mi físico, de mi persona, de mi carácter, y he luchado diecisiete años en contra de mi mismo.
Ahora, que has aparecido tú, ahora que tú has cambiado mi mundo, la forma de sentirme, la forma de pensar, ahora que has llegado haciendo que todo cambiase, no puedo evitar pensar que la gente me da igual, y no puedo permitir que me niegues besar a la persona a la que más amo de todo el mundo.

Me quedé mirando como las lágrimas caían por sus mejillas. Como sus gritos se habían apagado y como nos habíamos quedado los dos en silencio en todo el universo.
Le agarré la cara con las manos y lo traje hacia mí.
Le besé, intentando demostrar todo lo que sentía, todo lo que le amaba.
Me separé de él.

-Lo siento- Le susurré. ´

Él me abrazó, haciéndome sentir la chica más feliz del  mundo.

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Poesía entrópica