~Creando recuerdos~

Los rayos de sol entraban por la pequeña ventana que abría nuestra habitación al mundo exterior, y hacían de su tez el mismo universo.
Su respiración era lenta y provocaba que su pecho subiese al compás de sus suspiros.
Los pies descalzos jugaban debajo de las sábanas a perderse y encontrarse y sus manos guardaban los secretos del mundo, escondidas bajo la almohada.
Sus ojos dormidos y su boca entrecerrada le daban un aspecto de ángel, y su nariz, pequeña y delicada, era la última pincelada del cuadro perfecto que dibujaba su rostro.
Sus cabellos yacían esparcidos y enredados entre las sábanas de nuestra cama, y los bucles se perdían y se encontraban entre los huecos de sus hombros.
Cogí uno sin despertarla y jugué con él, enredándolo entre mis dedos, creando estrellas fugaces y cumpliendo deseos.
Podía sentir el calor de su cuerpo a mi lado, y oía su aliento escaparse de sus cuerdas vocales.
No podía dejar de mirarla.
Sus piernas se enredaban entre las mías y su piel suave acariciaba cada poro de mi piel, poniendo todos los sentidos en alerta.
Se movió y su rostro quedó enterrado en el recodo que formaba mi cuerpo con el suyo.
Notaba como se iba despertando poco a poco, como sus dedos empezaban a moverse despacito, como su respiración cambiaba de ritmo.
Abrió los ojos y al verme mirándola, esbozó una sonrisa que acaparaba todas las maravillas del mundo.
Vi el iris de sus ojos a contra luz durante unos segundos en los cuales se desperezó, extendiendo los brazos por encima de su cabeza.
Arqueó la espalda y bostezó.
De nuevo se recostó a mi lado y enterró las manos entre mi pecho y el colchón.
Notaba el calor de su aliento en mi cuello.
Le susurré al oído que la amaba hoy más que nunca, y ella movió sus delicados y dormidos dedos para acariciarme el cuello y buscar mi boca. Se estiró y rozó sus labios con los mios.
Creamos el mismo universo en ese momento.

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Poesía entrópica