~Sharif Fernández~

Sufro de esa rara enfermedad del corazón de los poetas, que les lleva sin remedio convertir la vida en letras. Mi alma se empeña en escribir lo que no pueden pronunciar mis labios, y lo siento, pero el culpable eres tú por darme un boli y un papel y decirme "como equipaje requerido"

Descubrí hace mucho que el corazón me va latiendo a contratiempo. Ya no estás tú para marcar las pautas que debe seguir y me di cuenta demasiado tarde de que por tu culpa perdí hasta el alma. No debí jugarme en cada beso el corazón

Esta reina de corazones si que ha estado enamorada. No de la persona correcta, cierto, pero se aprende a desengaños, ¿No? El dolor al final uno lo acurruca y llega un momento en que ni siquiera sientes ese vacío que antes tenías en el pecho. El sexo y la poesía lo curan todo, dicen, y aunque sé que quiso cortar mis alas para que no me eleve, fracasó. Ahora es él el rey que perdió su reino.

Intentaron hacerme beber para emborrachar al corazón y me negué. No creo que pudiese soportar el peso del olvido encima de mis hombros

Fui aprendiendo con el paso del tiempo a abrir las puertas, y cerrar heridas de las vidas ya muertas, a crear rimas expertas en el dolor, amor, y todo lo que respecta, a irme con la música a otra parte si los que me rodeaban eran hombres sin esperanza y a hablar con la emoción, lenguaje universal como el sexo o el amor.

A día de hoy solo pido el boli de testigo, el micro me queda demasiado grande. Pretendo engañar al tiempo haciendo versos inmortales y volar cada día sin quitar los pies del suelo. Sólo me hace falta tu música para sacar las alas y echar a volar a ese finito firmamento

Quiero salir de los que les sobra rabia y les falta corazón, alejarme de la ambición, del poco talento, convertir al bolígrafo en el mejor amigo, además del mejor psicólogo e intentar que no se me escape ningún tren. Sé que siempre hay otras estaciones donde brilla más la vida, pero estando sola entre la gente no me encuentro muy cómoda.
Quiero encontrar las verdades con espinas, alejarme de las mentiras con seda y ser capaz de adquirir todo lo que hace falta para pagar el amor, la amistad y las caricias que se enredan. No hablo de dinero.

He intentado por todos los medios mantener la cabeza fría cuando el corazón arde y te aseguro que me ha sido difícil, casi imposible ver pasar la vida, sentir el peso de los años y aceptar que los labios que no se besan no regresan.

Me he dado cuenta  de lo poco que dura un para siempre  y de que el tiempo pasa lento, pero que vuelan los años.

Todo ha sido muy confuso desde el instante en el que me dijiste adiós.
Poco a poco pude volver a ver el mundo entre los resquicios de las lágrimas que corrían por mis mejillas. La excusa que ponía  siempre era que yo suelo llorar por amigos y canciones y que esa melodía que estaba sonando me encantaba, aunque todo estuviese en silencio. Tanto tú como yo sabemos que es mentira. Te engañé por las palabras intentando salvar mi corazón de la verdad. Era un atajo hacia la felicidad, supongo, pero descubrí que los atajos no son para sentirte mejor. ¿Sabes lo único que saqué en claro de aquello? Dije que le jodan a los atajos, lo que tenga que llegar, llegará, por que una mentira no te acerca a nada.

Me resguardé en tus brazos por no tener noticias de mi papá
Fue un grave error con peores consecuencias.
De tanto amarte perdí lo que no tuve y mi cabeza se convirtió en el caos a los que los demás llaman orden.
Escuché un día que la única manera de morir que valía la pena, era morir por amor. Quien lo dijo estaba realmente equivocado.
Creo que duele mucho más que cualquier otra cosa.

Acabé encontrando alivio tan solo en el exilio de mi folio  y mirando día a día hacia atrás para saber quien soy, por que se me olvidaba con cada suspiro.

Estaba tan acostumbrada al vértigo de tu locura que cuando estaba sola me daban miedo las alturas y daba gracias al cielo por tener los pies en el suelo.

Es cierto que morí de pena cuando tu me dejaste, pero lo superé.

Acabé contigo y tus versos, ahora solo sé cantar lo que yo siento.

















Sharif Fernández, escritor, poeta, cantante e ídolo. Gracias.




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Poesía entrópica