Donde todo puede comenzar 6.

Un hombre joven entró corriendo en la estación de autobuses. Llevaba una gran mochila a la espalda y arrastraba tras de sí a una niña hermosa de cabellos rubios.
Era su padre y debía sacarla de allí.
Antes de subir en el autobús, una mujer entró gritando en el andén reclamando su hija. La pequeña se aferró a su padre y empezó a temblar. El hombre le tapó los oído suavemente y la abrazó aún mas fuerte, para que la chica supiese que él no, el nunca le iba a dejar.
Subieron al autobús y se sentaron en las butacas del medio.
A la vez que apretaba a la pequeña contra su pecho, le levantó un poco la camiseta y le vio las heridas cicatrizadas que tenía en el costado.
Apretó la mandíbula mientras las acariciaba despacio, con muchísima delicadeza y conteniendo las lágrimas.
No podía dejar a su hija con aquella mujer. La niña lloraba, temblaba y agarraba con sus pequeños dedos la camisa de su padre.
El joven echó la cortina de la ventana del autobús, apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos, mientras el bus empezaba a moverse.
Pero los gritos de locura seguían resonando en la estación.

Comentarios

  1. No sé como existen personas capaces de hacerle daño a los niños pequeños, en realidad no lo entiendo con nadie, pero mucho menos con un niño que a lo único que debería dedicarse es a reír.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces ese daño es inconsciente y sucede por que lo único que quieres es tenerlo contigo.
      A veces tu amor por ese niño vale más que cualquier otra cosa, incluso su dolor.

      Eliminar
    2. Muy profundo.....

      Eliminar

Publicar un comentario

Poesía entrópica