Miradas.

Hay veces que me podéis malinterpretar.
A lo mejor notáis que miro demasiado a una chica, que la estudio de arriba abajo, de un lado y de otro, de perfil, de frente y de espaldas.
Si, miro y analizo, y a veces podéis pensar que me gustan las mujeres.
Pero no es así. Jamás habéis estado tan confundidos.
Soy la chica más hetero que os podéis encontrar delante. Me gusta los chicos y sé perfectamente que me pueden llegar a dar lo que una mujer jamás va a alcanzar a darme o hacerme sentir.
Lo que pasa, es que me gusta mirarles por que las veo seguras.
Las veo con unas piernas perfectas, con unos pechos perfectos y con unas caras perfectas todas las horas del día, todos los días de la semana.
Y es impresionante.
Las veo por los pasillos seguras de sí mismas, las veo andar, saltar y correr sin miedo. Veo que no se ponen límites y no piensan en que jamás se fijarán en ellas. Por que están seguras.
Las veo y las envidio.

Por eso las miro.

Me dicen tonta por que no me gusta mi cuerpo.
Me dicen tonta y se quejan cada vez que hago un comentario en cuanto a ese tema. Y se molestan cada vez que hablo de lo que creo de mi misa.
Ahora resulta que ni siquiera soy capaz de ponerme límites. Ahora resulta que no puedo pensar que estoy gorda, que estoy fea o que estoy más tonta.
Ya no puedo pensar en ese conjunto por que se supone que es estúpido.
Pero no lo entienden.
No me entienden.

Y por eso, las miro.

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Poesía entrópica