Nueva York.

Nueva York es un conjunto de calles, manzanas y avenidas que sólo tienen sentido con un mapa en la mano.

Nueva York es toda y cada una de las colillas consumidas que se han quedado olvidadas en la acera. 

Nueva York son todos los taxis amarillos, todas las estaciones de metro y esos enormes rascacielos que casi tocan las nubes. 

Nueva York es el temblar del suelo cuando pasa el metro bajo tus pies, las obras que adornan cada esquina y las sirenas de policía que se disfrazan todas las noches para ser despertador. 

Nueva York es el Empire State Building, Times Square, Wall Street, Central Park, el rastro de las Torres Gemelas, las Estatua de la Libertad, Union Square, Central Terminal, la Quinta Avenida, Broodway, Manhattan, Queens, Brooklyn, Long Island, Uptown, Midtown y Downtown. 

Nueva York es un ir y venir de gente, un beso apasionado en la esquina de un cruce, un intento de mirada y un fallo de contacto, un choque sin disculpa y un paso acelerado por cualquiera de sus calles. 

Pero para mi, Nueva York se reduce a dos chapas de unos botellines que nunca han pasado por mis labios, pero que he salvado de la enorme caída que tiene el precipicio de esa ciudad. 

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Poesía entrópica