Poesía 23

Supiste besarme en el momento oportuno,
rodearme los hombros cuando lo pedía a gritos
y susurrarme lo que llevaba esperando durante mucho tiempo.

Supiste erizarme la piel,
antes,
durante
y después.

Supiste besarme la frente
y quedarte con todo lo malo que había dentro.
Porque cielo,
desde ese momento no he podido dejar de sonreír,
y cada vez que lo recuerdo se me eriza la piel
el alma
y todo lo malo que había ahí dentro.

Supiste abrazarme tal y como necesitaba,
y me sentí más segura que nunca,
más protegida que nunca
y más querida que nunca.

Y lo peor de todo
es que supiste cambiarme las ideas que tenía establecidas.
No sé como ni porqué
has hecho que me arriesgue a algo en lo que nunca he creído
y a lo que siempre he tenido miedo.
Supiste convencerme,
sin utilizar ningún verbo,
de que esto va a salir bien.
Sólo utilizaste una sonrisa que se quedaba a centímetros de la mía,
y esa ha sido la peor arma que has podido sacar de tu arsenal.

Supiste convencerme
de que a pesar de todo
vas a quererme,
y que a pesar de todo,
vas a dejarte querer.



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Poesía entrópica