Te quiero.

Te quiero.
Te quiero y hoy hace falta que te lo diga, por que te has levantado medio tonto, con un dolor de cabeza que ni tú, ni yo aguantamos.
Te quiero y hoy hace falta que te lo diga de una manera distinta por que hoy es un día distinto a los demás. No me preguntes el por qué, no me pidas explicaciones. Hoy es un día distinto y punto.
Y hoy hace falta que te diga que te quiero.
Así que amor, te quiero.
Te quiero por todo, aun que suene tópico y sea un expresión que está en boca de todos. Bocas... dios, tu boca, ese precipicio perfecto, esa caída libre que aterra y atrae al mismo tiempo.
Pero vamos, que si hablamos de caídas libres, me podría explayar hablando de ti al completo, de tus ojos, de tu (preciosa) sonrisa, de la forma que tienes de darme la mano cuando vamos caminando, de la manera que tienes de andar, de subir las cuestas y de reírte.
Y tu voz. Dios, tu jodida voz.
La escucho todos los días y te juro que aún no me termino de acostumbrar a que esa voz, la tuya, sea la que ahora me susurra que me quiere, con ese acentillo que ni es de Cádiz ni es de Madrid, que se queda en un punto medio.
El caso es que vengo a decirte que te quiero y acabo diciendo de todo, menos que te quiero.
Pero es que joder, tienes que entender que una vez que me preguntan por ti, no puedo dejar de hablar. Lo peor, es que cuando consigo cerrar la boca, voy por la calle con una estúpida sonrisa en la cara, dando saltitos cual adolescente retrasada y suspirando en cada esquina. ¿A ti te parece normal? Por que a mi no. Me hace sentir el ser más imbécil de la tierra. No por ti, si no por mi. Por que no sé controlarme cuando la cosa trata de nosotros.
El caso es que te quiero y no encontraba otra forma de decírtelo para que te quedase bien claro.
Es cierto que te pones muy tonto, pero no te preocupes por eso, se cura.
Pero bueno, que te quiero joder.


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Poesía entrópica