Todo el mundo habla de Roma y de Berlín como si fuesen los dos únicos puntos destruidos del planeta.

Todo el mundo habla de las ruinas de Roma y del muro de Berlín, mencionándose en poesía cómo si fuesen los elementos arquitectónicos más destruidos de la historia. ¿Y Grecia? ¿Dónde nos dejamos Grecia, las columnas, los frisos, las esculturas, los propileos, las cariátides, las escaleras destruidas y la acrópolis deshecha?

Nadie habla de las historias de dioses que se han quedado entre esas piedras, ni de las leyendas donde unos se salvan y otros mueren, donde unos huyen y otros luchan por amor a la patria donde viven, donde unos se esconden y otros se revelan, siempre por amor.

Ya nadie habla de lo bonito que es Grecia por que todo lo tapa la gran crisis económica en la que está sumida el país, y nadie se fija en el mar griego, ni en sus islas, ni en su cielo.

Todo el mundo habla de Roma y de Berlín como si fuesen los dos únicos puntos destruidos del planeta, pero nadie habla de Grecia, ni de las historias que encierran las paredes destruidas que después de miles de años se mantienen en pie a pesar de los golpes, las bombas y los ataques devastadores que han sufrido.

Nadie habla de las paredes de la Acrópolis, ni de lo bonito que es estudiar cultura clásica para entender la belleza de ciertas civilizaciones. Y todos buscamos el aprobado por que un cinco es más importante que haber aprendido algo. Y nadie se preocupa por crecer personalmente y aprender de la vida por que un cinco es más importante que cualquier otra cosa que te pueda dar la vida.

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Poesía entrópica