Perdí el sentido de la vida.

Me he caído muchas veces
y le había cogido manía a eso de andar.
Muchos me daban la mano,
pero sabía que me iban a romper de nuevo.
Nadie tenía la mirada que necesitaban mis días.

Me han dañado muchas veces
y desde entonces perdí el sentido de la vida,
me olvidé de la verdadera felicidad
y pensé que nadie más podría volver a quererme.

Se deshizo el fundamento más importante de cualquier existencia:
el amor,
y pensé que podría prescindir de mi mitad.

Hasta que llegó él
con la espera por bandera,
con la paciencia en los labios,
con el cariño en la punta de sus dedos
dispuesto a hacer poesía en mi vientre.

Y recuperé las ganas de andar,
o de amar
que al final viene a ser lo mismo.

Comentarios

  1. Dicen que la paciencia es la madre de todas las ciencias. Tal vez sólo hace falta encontrar alguien tan paciente como para escalar el muro que muchas veces nosotros mismos ponemos.

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Poesía entrópica