Abrir y cerrar.

He cerrado los ojos y he sentido la madera húmeda,
la arena entre los dedos de los pies,
el frío de las olas que lamían mis caderas,
el viento golpeándome las ideas,
el salitre del mar pegado en la piel,
trocitos de viento revoloteando entre mi pelo,
el sabor de una fruta nueva,
el olor del café recién hecho.

He cerrado los ojos y me he concentrado en eso,
en el césped acariciándome los talones,
en una astilla clavada en la esquina derecha de la mano,
en el calor de una chimenea,
en el sonido de la madera,
en el olor del incendio,
en tu mano con la mía,
el amor.

He cerrado los ojos y he sentido el dolor,
la felicidad en la forma más pura,
el miedo.

He abierto los ojos y me he concentrado en los colores del arcoiris,
en las nubes del amanecer,
en los cachitos de sol atravesando una tormenta,
en el destello de un rayo que rompe el cielo,
en las estrellas de una noche sin luna.

He abierto los ojos y me he quedado mirándote sin que te des cuenta,
para intentar memorizar cada cicatriz,
lunar
y herida,
para consumirte sin agotarte,
para recorrerte sin acabarte.

He cerrado los ojos para notar tu corazón latiendo y sentirte vivo,
y sentirme viva.
He cerrado los ojos para concentrarme en tu respiración,
en tu mano con la mía,
en tu voz que muchas veces me ha hecho llorar.
Y cuando he abierto los ojos para completarte,
te he visto mirándome
como si quisieses seguir queriéndome toda la vida.

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Poesía entrópica