El auge de las victorias en dos cuerpos que han sufrido más derrotas de las esperadas.

Dos almas abrazadas que si levantaban los dedos,
podían tocar la luna.
Eso éramos.
Estábamos empeñados en hacerle cosquillas a esa circunferencia,
y casi lo conseguimos,
de no ser por mis sueños y tus ganas de mirarme mientras dormía.

La risa perfecta entre complicidad y complejidad.
Eso somos.
A ver quien me da más motivos para reír de los que tú me das cada mañana,
quien es capaz de soportarme y abrazarme en cualquiera de los 365 días que tiene un año,
y quien puede resolver mis estúpidas dudas sobre un mundo que no consigo entender.
A ver quien tiene cojones de hacerlo
y se queda después.

El auge de las victorias en dos cuerpos que han sufrido más derrotas de las esperadas,
un beso apasionado después de cruzar una puerta,
las ganas de vivir y escaparme contigo,
nuestras carcajadas despertando a los vecinos a las 2 y media de la mañana,
el crack de un plato roto,
la luz de la luna celosa y sus ganas de estar en nuestra cama.
Eso éramos,
eso somos.

Todo es tan grande que asusta,
como el eco de la soledad que hay en las catedrales,
como los recuerdos de una casa derrumbada,
como una pintura en la calle,
como una foto en mitad de ninguna parte.

Esto nos viene grande,
pero somos dos personas a punto de enamorarse,
y como todos comprenderán, 
lo demás nos importa una mierda. 

Jamas había querido tanto a alguien
como para pensar en una vida completa a su lado.
Y desde entonces,
no puedo parar
de pensar
en
ti.

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Poesía entrópica