Astrafilia

Esa noche una luz cruzó el cielo
rompiéndome los miedos y haciendo estallar la poesía.

Cada trueno sonaba a libertad,
y cada gota a desorden emocional anclado a mis pestañas.

Mi corazón se retorcía en un ir y venir de sensaciones,
en una admiración casi divina,
en un sobrecogimiento tal que se me inundaba el pecho de latidos entrecortados.
La naturaleza estaba en plena lucha,
enfrentando un cielo que bailaba entre colores y una tierra mojada que recibía caricias eléctricas.

Jamás mis ojos han visto un espectáculo tan bonito como una tormenta;
el fuego que moja,
el agua que quema,
el aire que empapa los pulmones,
la lluvia que salpica la piel.

"Desnúdate que hay tormenta, y llueve por no llorar"
te dije,
mientras mis manos salían de las gotas para tocarte la espalda,
mientras hacía el amor con tus ojos,
mientras mis dedos te dibujaban palabras en la piel.

Te hice el amor sin vernos,
con versos
y te eché de menos más que nunca.
La poesía fue testigo de la tormenta,
de los rayos,
de los relámpagos que cruzaron el cielo y rompieron mis miedos.
La tormenta fue testigo de todo lo que te echaba de menos,
mientras yo lloraba tu nombre.






Astrafilia: admiración por los rayos, relámpagos y truenos



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Poesía entrópica