Tengo una experiencia amorosa de mierda.
He pasado por varias relaciones que han dejado más dolor que recuerdos.
Siempre digo que me he enamorado tres veces en mi vida,
en mi corta vida,
como si tuviese alguna idea de lo que es vivir.
Siempre digo que me he enamorado tres veces en mi vida,
pero miento.
Siempre miento.
Sólo me he enamorado una vez,
y es de él.

Me ha enseñado lo que es el AMOR, con mayúsculas y subrayado.
Me ha enseñado a amar cada uno de sus defectos,
a amar mis propios defectos,
a apreciar cada puto segundo que pasaba mirando sus ojos.
Me ha enseñado a temblar de emoción,
a llorar de alegría,
a sentirme completa, querida y preciosa.
Me ha enseñado a escribirle a la luna,
a hacer poemas que luego pertenecerán al libro que llevará su nombre,
y le ha dado título a mi poemario,
ese futuro poemario en el que no dejo de pensar cada vez que le miro a los ojos.

Siempre digo que me he enamorado tres veces en mi vida,
pero es mentira.
Sólo me he enamorado de él porque sólo he conocido el amor entre sus costillas.
Y si se va...
si se va intentaré buscar lo que he encontrado en él en otras bocas,
en otras manos,
en otras espaldas.
Intentaré encontrar alguna de sus formas de reír entre la gente,
y perseguiré su mirada entre las almas de los que encuentre.
Lo buscaré en cada banco,
en cada parque,
en cada uno de los sitios donde nos hemos amado.

Le buscaré hasta encontrarle,
porque sólo te enamoras una vez en la vida
y el resto lo pasas intentando encontrar eso en otras personas.

El problema siempre será ese,
que serán otras personas,
y no él.

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Poesía entrópica