Hablabas de algo que yo no llegaba a comprender del todo,
y yo te miraba a los ojos sin escucharte.
Lo siento, pero no pude evitarlo.
Te estaba buscando.

Miraba cómo tus labios se movían en un vaivén de palabras,
y cómo mis ganas de besarte aumentaban con cada sorbo de café.
Tus labios sabor café,
aquellos labios sabor café.

Fue muy raro abrazarte y no buscar tu boca,
caminar al lado pero no cogidos de la mano,
no tantear tu espalda con las manos frías.

Esperábamos el autobús y me miraste a los ojos durante unas milésimas,
me miraste de verdad.
Fue un periodo de tiempo que solo entienden dos personas que se han amado.
Algo queda de nosotros.

Tus manos tocaron mi rodilla,
y mi palma te acarició el muslo,
y nada más.

Pude sentir tu calor desde lejos
y no tienes mi idea de lo reconfortante que fue sentirte de nuevo.
Aunque fuese así,
aunque estuviésemos así.

No quería irme ni quería que te fueses.
Nunca lo quise.

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Poesía entrópica