Hace meses que no veo un atardecer.
Hace meses que no veía el cielo, las nubes, el sol y la noche.
Soy como un prisionero judío escapando de un sótano y viendo,
casi por primera vez,
las estrellas.
Hoy he visto el campo tapado con una manta de nube que se deshacía en las primeras briznas de la mañana.
He visto dos parejas despedirse en dos estaciones distintas,
pero se miraban a los ojos y se decían lo mismo.
La tristeza era la misma.
He visto el atardecer perdiendo terreno y la noche ganando libertad.
Estoy en "mi tierra", aunque no me he sentido nunca parte de este lugar.
Estoy entre los brazos del sitio que me vio crecer,
y estoy deseando ansiosamente fundirme en el abrazo de mi madre que me hizo crecer.

Algo dentro está cambiando
y me siento nueva, libre, salvaje y poeta.
Por primera vez me siento poeta.
No siento que forme parte de esta tierra,
pero volver a casa,
a mi hogar,
es igual de reconfortante.

Vuelvo a casa por Navidad,
y qué bien sienta.

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Poesía entrópica