"Él le explicaba a Emma que las atracciones entre las personas,
cuando son irresistibles, tienen su raíz en una existencia anterior. 
- Por ejemplo, nosotros- decía-, ¿por qué hemos llegado a conocernos? 
¿Qué azar lo ha dispuesto así? Pues no cabe duda de que, 
a través del tiempo y la distancia, el curso particular de nuestras vidas, 
como el de dos ríos que corren para juntarse, nos ha traído el uno hacia el otro."

Madame Bovary, Gustave Flaubert 



Nadie sabe qué circunstancias se dieron para que el inicio fuese inicio, pero en medio de aquella entropía nosotros nos rozamos, nos tocamos suavemente sin saber siquiera lo que era una caricia. Átomos nos llamaban, pero a mi me gusta pensar que éramos almas que se buscaban.
Luego fuimos los supuestos Adán y Eva. Actualmente más de 3/4 partes de la población no cree en nosotros, pero puedo decir que aquellas mañanas, tardes y noches enlazados eran más reales que cualquier manifestación de la salvaje naturaleza. Quien diría que en el terreno de dios follamos sin estar casados (y no precisamente para perpetuar nuestra especie).
Nos siguen innumerables encuentros a lo largo de la historia:
En Egipto, yo sacerdotisa y tú un muchacho de ojos rasgados y ligeros pies de bronce.
En el Imperio romano, me esculpiste en un gran bloque de piedra. Te enamoraste de mi y pediste a los dioses que me diesen vida. Fui arte gracias a tus manos.
En época de juglares, tú te escapabas de aquel castillo y venías a verme a escondidas. Si las luces te hubiesen visto... ¡Ay si la luna hubiese mostrado tu rostro! Cariño, tenía que ganarme la vida de alguna forma y sobreexplotar mi cuerpo era fácil y divertido. Pero confieso que de todas aquellas miradas lascivas que me lanzaban los hombres (y alguna que otra mujer), entre todas aquellas manos que me tocaban esperando algo de cariño a cambio, prefería siempre las tuyas.
En Inglaterra fuiste hijo de una familia rica y yo una criada que vivía en las zonas más pobres y sucias de Londres. Te gustaba pasear por el mercado viejo disfrutando de esa misera que tan lejos quedaba de ti. Encontraste mis ojos, encontré tus ojos. Nuestras miradas han estado jugando durante milenios.
Más de 20 siglos llevamos encontrándonos, casi siempre por accidente, con el mismo sol en los ojos, con las mismas ganas de descubrirnos.
Aunque en esta vida nos separemos, aunque no volvamos a besarnos, nos queda la esperanza de vernos siempre una vez más.

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Poesía entrópica