~¿estás dispuesto?~

Le estaba mirando. Yo a ella. Ella. Mi cielo. Mis pensamientos. Mis deseos. Mi futuro. En algún momento ella se daría cuenta de lo mucho que la amaba. Al menos, confiaba en eso. Confiaba en el destino, para que nos uniese, para que en algún momento de nuestras vidas, ella y yo coincidiésemos y nos amasemos como yo tantas veces lo había deseado y soñado.
La amaba.
Sí, lo sé, son palabras muy grandes. Amar a una persona tiene un significado distinto a lo que es querer o gustar. Pero yo ya sabía esa diferencia. La amaba, desde el primer día que me dedicó una sonrisa, la amaba desde el momento en el que su mirada y la mía se habían cruzado, la amaba desde que ella s había convertido en mis pensamientos, en mis palabras de amor, en mis canciones, en mi todo.
Pero aún así, aún sabiendo todo lo que sentía por ella, una parte de mí decía que ella era mala. Que un poco de maldad se escondía tras esos ojos color café, que no toda ella era perfecto. No. Ella era mala.

Siempre, casi siempre, en los libros y en las películas el hijo de puta y el gilipollas era el chico. El que lo mandaba todo a la mierda, el que impedía que las cosas funcionaran como debían funcionar. Y no. No muestran la otra parte... ¿cierto?

También hay chicas malas. Chicas gilipollas e hijas de puta que te rompen el corazón, que te dan esperanzas y luego se van con el siguiente que aparezca que esté muchísimo mas bueno que tú. Ellas, casi siempre, salen indemnes de la situación, del dolor y del sufrimiento. La gente no sabe, que cuando un hombre ama, ama de verdad, lo hace con todo su ser, con cada centímetro de su cuerpo, lo hace hasta la muerte y si el sentimiento realmente está ahí, si realmente existe, el hombre es capaz de ser muchísimo mas dulce, romántico, tierno y sincero que la mujer. Esa parte, el cine y la literatura no lo muestra ¿verdad?

Yo aún así, aún sabiendo que ella guardaba algo, algo de lo que las chicas no deberían tener, aún sabiendo el daño que me podría hacer, la amaba.

Estaba dispuesto a pasar el resto de mi vida con ella, estaba dispuesto a pasar cada minuto y cada día de mi vida con ella. Estaba dispuesto a sentarme a su lado cuando las fuerzas le fallasen, cuando no pudiese soportar más dolor, estaba dispuesto a ser su mejor amigo, su novio, su amante y su marido. Estaba dispuesto a llorar con ella, si hiciera falta, a abrazarla y besarla dulcemente, a pasar noches en vela, haciéndole el amor. Estaba dispuesto a cuidar a sus hijos y a perdonarle todo lo que hiciera falta.
Estaba dispuesto a amarla como ningún hombre lo haya hecho antes.

Vi como se alejaba de la mano de otro hombre. Lo vi, y seguí sentado en el banco de aquel parque, dejando que las lágrimas cayesen por mis mejillas, pero aún así, amándola.

Poesía entrópica