~bandos opuestos~

La guerra había estallado.
Ambos bandos se encontraban en un estado crítico. Perdíamos caballeros a cada segundo, los caballos caían  muertos, los soldados ensangrentados poblaban el suelo... ¿aqui acababa todo? ¿se resumía en esto los días pasados?
Pocos quedábamos en pie, pocos éramos capaces de seguir levantando una espada, defendiendo nuestro rey.
Miré en derredor.
El campo estaba devastado.
Los soldados más fieles habían muerto.
Había zonas incendiadas.
El azufre hacía que costase respirar.
Tan solo se escuchaba el sonido metálico de las espadas.

Tras derribar a  mi enemigo, haciéndolo caer muerto a mis pies, me fijé otro objetivo.
Embestí hacia él sortenado los muertos que yacían a mis pies. Empezamos a luchar, dando y recibiendo golpes de espada, esquivando a los del oponente... Perdí parte de la armadura en el combate, y él otro tanto.
Sólo pude ver unos ojos verdes tras la rejilla que le tapaba.
Perdí la espada.
Paré cada uno de sus golpes con el escudo.
En un movimiento rápido, me hice con otra espada de uno de los caballeros muertos. Volvimos a comenzar.
El cansancio empezaba a aparecer en su cuerpo. Sus movimientos se volvían lentos, parecía que la espada le pesaba.
Aproveché.
Cogí toda la fuerza que me quedaba y arremetí contra él.
Cayó.
Su casco con él.
Antes de atraversarle el pecho con la espada, me paré en seco.
Era una mujer.
Tenía los ojos verdes llorosos por el humo de los incendios, le sangraba la sien derecha, y temblaba aunque no sé si de frio, de miedo, o de pura impotencia.

No podía matar a una mujer.
No podía dejar vivo al enemigo.

Tiré la espada hacia un lado y me arrodillé a su lado. Le até de manos y pies y le un pañuelo alrededor de la boca.



Tiempo después, supe que estaba totalemente enmaorado de ella.

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Poesía entrópica