~oportunidades~

Todo fue muy rápido.
Nos besamos por primera vez en un gran parque al que habíamos ido con unos maigos. Hacía frio y yo sólo me había llevado un jersey finito de color rojo. Me estaba congelando. Él tampoco había previsto el viento y estábamos los dos congelados. Nos besamos mucho, intentanto convatir el frío, nos abrazamos mientras los dos temblábamos... Fue maravilloso, a la vez que jodidamente horrible.
Los días pasaron. Yo me iba a su casa todos los fines de semana y "veíamos" alguna peli, aunque yo jamás llegué a entender el argumento de ninguna de ellas por que estaba más pendiente de los besos y las caricias de él, de por donde iban sus manos, de sus movimientos... de todo lo que él hacía.
Estaba enamorada de él.
No me importaba recorrer todos los fines de semana el mismo camino, o dejarme mis ahorros en el tren y el autobús, no me importaba con tal de estar con él unas horas, con tal de compartir con él los minutos de mi vida.
Lo amaba.
Lo amaba con todo mi corazón.
Mi madre ya me avisó que si él suspendía alguna, si le quedaba tan solo una, impediría que yo me moviese para allá, por que para ella, la única que se esforzaba en la relación era yo.
La última vez que le vi fue el 25 de Junio.
Después de ese día, yo tenía prohibido ir hacia allá y él no tenía dinero para venir aquí.
Las conversaciones se convirtieron en discusiones.
No sabía que hacer, hasta que una noche de feria, el 28 de Junio, dije basta.
Corté la relación y pensé que con eso también cortaba las ataduras y las discusiones, pero me equivocaba.
Yo estaba aún peor incluso. ¿que había hecho? Había dejado a la persona que yo consideraba el amor de mi vida. Lo había dejado, le había roto el corazón y también había roto esos tres meses que habíamos pasado juntos.

Yo seguí con mi vida. A pesar de que lo echaba muchisimo de menos, seguía teniendo amigos y personas que me querían. No podía dejarlas tiradas a ellas también. Salía practicamente todas las semanas, y durante el día, estaba feliz, pero cuando la noche venía y me metía en la cama, lo único que podía hacer era llorar como una niña pequeña.
Echaban de menos sus besos y sus caricias, las tardes, los recuerdos venían una y otra vez...

Mientras tanto, mientras iba recojiendo los pedacitos de corazón que había dejado esparcidos por el suelo, otra persona sólo me cuidaba.
Me abrazaba.
Me buscaba.
Quería estar conmigo.
Quería tocarme.
Quería acariciarme.

Poco a poco, esos sentimientos de tristeza y amargura se fueron, pero no al cabo de meses, si no en semanas.
En dos semanas, el 12 de julio, empecé con otro chico.

Esto no significa que al otro no lo quisiera, o que no lo hubiese amado de verdad. sólo pienso que las oportunidades no se deben dejar escapar. ¿que sería de nosotros si nos hundiéramos por cada cosa que nos pasase en la vida?
Eso el otro chico no lo entendía.

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Poesía entrópica