~Diario de una bulímica~

Se prometió que era la última vez que lo hacía. Sabía que no era verdad y que al día siguiente lo volvería ha hacer sin ningún reparo, pero aún así, cada vez que lo hacía necesitaba prometerse que iba a ser la última.
Después de tomarse las últimas cucharas de su plato, se levantó lentamente y salió de la cocina. Se fue a su cuarto y alli, justo después de cerrar la puerta, se dirijió desesperada al espejo que lucía apoyado en la pared. Se levantó la camiseta y palpó su vientre. Una lágrima surcó su rostro.
Una de las muchas tantas que ya habían caido.
Desesperada por su aspecto, se metió en el baño de su habitación y cerró la puerta despacio. Allí se volvió a mirar en el espejo y se volvió a palpar el abdomen, y esta vez se subió en la taza del vater y tambien se miró las piernas, y el culo.
Dios, jamás había estado peor.
Era un mounstro. Era horrible.
Se veia gorda en todos y cada uno de los espejos en los que se reflejaba. Le daba asco mirar. Se bajó de la taza del vater y se quedó mirando fijamente su reflejo.
¿Que iba a cambiar si hacía ejercicio? Nada. Lo sabía. Había intentado miles de veces ir al gimnasio pero jamás habí quedado satisfecha con el resultado.
Se inclinó sobre el vater y se introdujo los dedos dentro de la boca. Temblaba. Los metió un poco más adentro y notó como comenzaban las arcadas. Sintió la sustancia de su estómago subiendo una vez más por el esófago y finalmente lo expulsó por la boca.
Conocía tan bien esa sensación....
Tras ese vómito incontrolable se alejó de la taza, y se reclinó en la puerta del baño, asustada y aún temblando.
¿Pero que estaba haciendo? ¿En que se estaba convirtiendo?

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Poesía entrópica