~heridas~

Vi como se miraba la muñeca y como pasaba las llemas de los dedos por las blancas cicatrices que se dibujaban.
Vi como con un pañuelo blanco, secaba la poca sangre que aún manaba de ellas.
- Enséñame la muñeca.
Me miró y pude ver sus ojos  brillantes, conteninedo las lágrimas.
-No- dijo con una voz débil y triste.
- Énseñamelas.
Le cogí la mano y extendí su brazo frente mí.
Se me encogió el corazón.
Era conciente de que se había autolesinado anteriormente, durante el curso pasado, pero pensaba que ese verano se había curado y se había olvidado de ello.
Pero no.
- ¿Me lo vas a explicar?
Me miró.
- No hay nada que explicar.
- ¿Por que lo haces?
Fijó la vista en su libreta.
-Por que es la única manera que tengo de controlar el dolor.
Me quedé en silencio, mirando sus ojos verdes y su piel pálida.
Era tan bella...

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Poesía entrópica