~Caprichos del destino~

Ella bailaba en el medio de la pista, moviendo sus caderas de una forma que hacía que nadie más existiese a su alrededor.
Así, inocentemente, dando pasos de un lado a otro, trajo la atención de él, y él, miró sus caderas, su pelo, sus brazos agitarse en el aire y su sonrisa, que no desaparecía de su rostro.
Bailando a su compás, se acercó a ella y empezó a acariciarle con el aliento la piel de su cuello.
Ella giró la cabeza hacia él, y le dedicó una sonrisa torcida
Los minutos pasaron y se cansaron de bailar. Fueron a tomar algo y él empezó a fijarse en los ojos de la chica, grandes y azules, que le asesinaban en cuestión de segundos.
Ella, se fijó en su sonrisa tonta y en las indirectas que fue enviándole poco a poco, dejándolas caer delicadamente sobre el borde de las copas.
Y le dijo que no.
Se levantó de allí y volvió a la pista a bailar.
Él fue tras sus pasos, pero ella se escapaba entre las miles de personas que los rodeaban.
Perdieron la pista.

Tiempo después, él se traslada a Japón, y así, por una casualidad del destino, por caprichos del azar, se encuentran de nuevo, de frente, en la calle más abarrotada de toda la ciudad.
Se miran, y apenas dan crédito a lo que sus ojos ven.

Se lanzan sonrisas tímidas, torcidas e inesperadas, y ella se acerca.

-¿Tienes un minuto para un café?

-Un minuto, un día o una vida, lo que prefieras.

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Poesía entrópica