~Muerte y futuro, siempre de la mano~

Un ratón apenas vive unos días, una mosca, sólo minutos, un elefante en cambio dura 100 años, y las tortugas, mucho más que eso.
Y nuestra vida, colocada en esos puntos intermedios que se comprenden entre todos esos años, sigue siendo corta para muchos.
No les da tiempo a decir todo lo que tienen que decir, no pueden descansar en paz por que les quedan cosas pendientes que hacer.
No pueden morir sin ver una última vez el cielo atardeciendo, la Torre Eiffel de noche, las calles iluminadas con las luces de Navidad o la ilusión en los ojos de un niño.
Los que tienen suerte, llegan hasta los 90 años, y ni siquiera en casi un siglo, han saciado todo su afán por la vida.
Sin embargo, se mueren, ¿Y quien los recuerda? ¿Quien nos recuerda?
¿Quien, luego, nos tiene en cuenta para tomar sus decisiones?
Nadie.
Una vez muertos, nos olvidan, nos deshacemos y desparecemos de la mente de los que nos querían.
¿Para que vivir entonces?
Y sin embargo, se me hace imposible reducir mi vida a ese pensamiento y dejar de vivir por un futuro y una muerte que aún no han llegado.

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Poesía entrópica