~Pastillas con las que rozar el infierno~

De piel pálida y con la sonrisa rota, se deslizaba silenciosamenre entre las miles de personas que la rodeaban, pasando como una brisa leve, sin afectar a sus vidas.
Andaba entre ellas y posaba su mirada triste en las muñecas de todos...
Ninguno de ellas tenían cicatrices y en cambio, ella se acariciaba con las llemas de los dedos sus delgados brazos y, en relieve, se dibujaban las miles de lineas que reflejaban su dolor y soledad.
Una triste melodía daba música a sus pasos, creada en los infinitos recodos de su mente, y susurrada al oído por las voces negras que la atormentaban día y noche.
Caminaba lentamente,alzando la vista hacia las nubes que bailaban en el cielo, y bajándola hasta la punta de sus zapatos negros, que se movían al compás de sus pasos.
Palpó los bolsillos de su cazadora y allí, sus cuchillas con la sangre reseca la esperaban, y junto a ellas, una pequeña bolsita de terciopelo negro.
Cerró su puño alrededor de ella y aceleró el paso.
En la esquina de una calle cualquiera, sacó el saquito y de él, una pastilla redonda, blanca, pequeña y mortífera.
La observó, sabiendo que su vida acabaría en el segundo en el que sus labios a rozasen.
La puso debajo de su lengua, y con lágrimas en los ojos, dejó que su espalda se resbalase por la parede en la que estaba apoyada, muriendo, dejando las marcas de sus muñecas ensangrentadas al descubierto y dejando de esconderse tras esa sonrisa falsa que pintaba todos los días en el espejo antes de salir de casa.

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Poesía entrópica