~Vuelta~

Contemplo una nube de color indefinido, que mezcla rosa, violeta, naranja y algunos trazo de rojo, con su característico tono blanco algodón. La miro cernirse a aquel monte verde, que esconde a un sol ya desaparecido y da fin a un día.
Lo miro y suspiro.
¿Cuanto tiempo pasará hasta que pueda verlo de nuevo?
A los pocos segundo un abrazo me deja las mejillas mojadas, y un deje de tristeza en el rostro.
Nos subimos al coche y admiro el cielo gris, la nube de un color azul marino recortada en él y luego, las sombras en las que se han convertido los árboles que se agitan con el viento.
Veo la primera estrella del cielo, la única que se atreve a deslizar sus rayos y acariciar la gran cúpula que se extiende sobre nosotros.
Poco a poco, sus compañeras la siguen. Pierden la vergüenza y la acompañan, a ella, la luna, y a mí, una simple chica que lo admira todo desde su humilde lugar en la tierra firme.
Y es que, allí, tan alta, tan fría, tan sola y sin embargo, cuidando de todos nosotros en la noche.
El sueño me cierra los párpados y duermo, con la manita de mi hermano acariciándome el pelo y en el aire, su pregunta:

- Mamá, ¿Por que nos persigue la luna?

Y me despierto, de nuevo. Me incorporo y admiro el cielo, ahora de un color diferente. Un azul oscuro lo tinta y las suaves nubes lo adornan, dando forma a la imaginación de las personas que se paren a mirarlas.
Y veo como se esconden las estrellas, como avanzamos y salimos de A Coruña y, sin saber como, recorremos Lugo,  León, Zamora, Valladolid, Ávila, Segovia, Madrid, Toledo y Jaén.
Y mientras tanto, mis ojos admiran el paisaje más bonito.
España, de noche, apagada y silenciosa, iluminada por las miles de luces de las estrellas, velada por la mirada de la luna, y adornada con los miles de puntitos de colores que dan luz a las ciudades más hermosas.

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Poesía entrópica