~El otro lado~

Vestía con vaqueros rotos que se ceñian a sus piernas, adivinando en ellos una bonita figura.
Las camisetas negras componían todos su arsenal y mostraban unos pechos grandes y voluminosos que recibían más miradas que sus propios ojos.
Su cuello se definía de una manera hermosa. Un collar negro se le adhería a la piel de la misma manera que las pulseras de colores que adornaba sus muñecas.
Las uñas siempre pintadas de negro, los labios con un leve brillo transparente,  los ojos grandes y marrones con rímel, y de vez en cuando, con una sombra oscura.
El pelo rizado siempre suelto, rebelde y libre.
Igual que ella.
Pasaba del mundo. Ya tenía uno propio.
Se colocaba al final de la clase con los auriculares puestos, sujetando un bolígrafo azul y con una libreta gruesa y negra entre sus brazos.
Todos los profesores habían perdido la esperanza con ella.
Si alguno le decía algo ella estaría haciendo la clase imposible hasta que tocase el timbre. Entonces, con una sonrisa preciosa y desafiante a la vez, saldría de la clase con la mochila al hombro.
Vivía en su propio mundo.
No dejaba que nadie entrase, ni que su voz saliese de sus labios sin el precedente de una mirada.
Las palabras que no pronunciaban sus cuerdas vocales, las descargaba con los puños.
De ahí venían las costras de sus nudillos, las herdias abiertas, los roces de los dedos, y a veces, los rasguños que arañaban su tez.
No daba explicaciones. Nadie mencionaba su nombre ni le dirigían miradas expectantes.
El asco no se dibujaba en sus rostros. Tan sólo la indiferencia.

Me encantaría ser ella. Ese lado malvado y negro me atrae irremediablemente, pero mi lado responsable lucha día a día contra esa chica. Por ahora, va ganando todas las batallas.

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Poesía entrópica