~Película recapitulada con un suspiro~

Se apoyaba en el borde de la ventana.
El marco de la ventana le mordía la piel de los antebrazos y sus pies se estremecían ante el contacto frío de la losa bajo sus pies.
Apuraba las últimas caladas del cigarro. Posaba sus labios en el pitillo y dejaba que el sabor de sus labios cambiase con cada calada.
Era una noche fresca. Las estrellas se veían en el cielo, titilando, manteniendo así el lenguaje que sólo ellas conocen.
Pequeños soplos de aire movían las hojas de los árboles que por aquellas horas, se habían convertido en manchas negras con destellos de la luz de las farolas.
La ropa tendida bajo ella se agitaba con el viento, y su corto y ligero flequillo se despeinaba con cada golpe de brisa.
Expulsó el aire de la última calda y lanzó al vacío la colilla consumida.
Se quedó observando el punto por el que había caído el acabado cigarro, con una mirada fría y una sonrisa triste.
"El tiempo pasa demasiado rápido" pensó, y dejó que su mente vagase por los recuerdos de su infancia.
Dio un salto, y pasó de los dibujos animados del sofá y las muñecas de porcelana a las faldas cortas y las luces de neón.
Recorrió con la mente lo porros, las pastillas pequeñas y blancas que desaparecían por la comisura de su sonrisa, las copas de alcohol y los preservativos que se quedaban abiertos.
Se recordó llorando en el baño, con el test de embarazo sostenido por la punta de los dedos, y la incertidumbre acumulada al borde de la barbilla en forma de temblor.
Más tarde llegaron los llantos en mitad de las noches, las veladas sin dormir, los pañales, las papillas y los biberones de madrugada...
Recordó las ojeras que intentaba tapar con maquillaje. Todos sus intentos eran en vano.
No se olvidó de su primer trabajo, ni del primer salario y ni del primer despido. Luego, el cobro del paro, las miradas repudiadas de la familia y por último, las sonrisas que le regalaba su hijo cada día.
Vio lo rápido que se le estaba pasando la vida.
Y lo temía.
Temía el paso rápido que adquiría el tiempo, siempre corriendo y con prisas; lo que se aceleraba la caída de la arena que corría por el reloj y el continuo movimiento de las agujas.
Veía como se caían las hojas, como se escapaban con el viento, como pasaban los meses y los años, las horas del día a día y los segundo de cada instante.
Y se sintió aterrorizada ante tal descubrimiento
Recapituló la película de su historia con un suspiro, bajando el telón y cerrando las puertas a sus recuerdos, a la vez que entornaba la ventana del balcón y escapaba al sofá, salvando así a sus pies del frío de las losas del suelo.

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Poesía entrópica