~El vaso sin dueña~

Me levanté una mañana de domingo con el sol matutino de todos los días.
El aire de la habitación era denso, asique abrí las ventanas y una corriente de aire me sacudió el pelo.
Me puse una camiseta y salí al salón
Fui a la cocina a prepararme el desayuno y vi un vaso de cristal en la encimera. Una marca de labios se lucía en el cristal transparente.
El carmín rojo se había quedado marcado en el vaso de una forma perfecta e inmejorable.
Se veían los pliegues de los labios y todas y cada una de sus rugosidades.
Cogí el vaso y lo miré a contraluz.
Empecé a visualizar los labios de aquella mujer. Se perfiló su nariz, sus ojos que comenzaron a mirarme fijamente, y una boca perfecta que esbozaba una sonrisa arrebatadora. El pelo rubio le caía desordenadamente y los rizos acababan en el principio de su vientre.
Sus caderas aparecieron y luego, sus piernas largas y definidas que acababan en unos pies descalzos.
Sólo vestía una camiseta de algodón fino y unos pantalones cortos de pijama.
Abrí los ojos en un segundo de vacilación.
No podía soportar sus ojos pardos posados en mi mirada.
Volví la vista hacia el vaso sin dueña y lo dejé encima de la mesa.
Mejor no llamar a los recuerdos cuando estás intentando olvidarlos.
Aún así, creo que fue demasiado tarde.








Para M.

Comentarios

  1. Casi cualquier objeto puede despertar la memoria...no hay nada más poderoso que los recuerdos.

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    1. Lo peor es cuando te pillan desprevenida.
      No los esperas y no puedes contraatacarlos.

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Poesía entrópica