~La Bocca de la Verità~

 
 
 
 
"A aquel que pronuncie una mentira con la mano dentro de la Bocca de la Verità se le arrancará los dedos con los dientes del Rey del Mar"






Italia, 1953.
Una mujer de pelo rubio y su marido de espesa cabellera pasean por la plaza de la iglesia de Santa María de Cosmedin en una tarde de primavera.
Se paran delante de la enorme capilla y admiran las formas rectilíneas de las paredes y la perfecta simetría entre las almenas de la torre. Quedan extasiados ante la perfección de un monumento tan antiguo.
Caminan por la plaza y paran delante de la fuente de agua.
El hombre desconfía de ella.
Lleva varios meses llegando tarde a casa, apenas habla con él y nunca luce los vestidos que él le regala.
Sabe que hay otro hombre.
Se acercan a la antigua basílica y se refugian bajo el techo de piedra de la entrada. A un lado, un enorme círculo de piedra con una cara tallada en él los mira impactantes. La mujer sabe por que están allí.
Su esposo se acerca a la figura, dejándola detrás de él.
Entonces, ella se precipita al suelo con un desmayo.
Un hombre de ojos verdes que por allí pasaba la ve caer y se acerca rápidamente para ayudarla a levantarse antes de que lo pueda hacer su marido.
Coqueta y con una sonrisa en sus labios color carmín, se reincorpora con dificultad y mira a su esposo, que se había dado la vuelta al escuchar el golpe de la caída.
Cuando el educado hombre que le ayudó se marcha dejando de nuevo a la pareja sola, ella se acerca a la boca de la cara tallada, decidida.
No hace falta explicaciones, no hace falta preguntas, no hace falta que su marido pronuncie una sola palabra.
Posa su mano dentro de la Bocca de la Veritá y dice bien alto:

-Juro que jamás he estado en los brazos de otro hombre que no seas tú y aquel que me vio caer.

Su marido miró como los labios de la escultura no se cerraban alrededor de la mano.
No mentía pues.
Se acercó a ella y la besó con dulzura. Un sentimiento de culpa se apoderaba de su corazón. ¿Cómo ha podido pensar que aquella muchacha de mirada limpia iba a engañarlo?
Era verdad que ella sólo había estado en sus brazos y en los de aquel joven de pelo rubio.
Sin embargo, su mujer prefería a los amantes que aparecían en la plaza de la iglesia con unos ojos verdes y con una sonrisa fugaz y le ayudaban a levantarse de un falso desmayo.




Comentarios

Poesía entrópica