~Hasta en el dinero se encuentran las musas~

Mirándola desde la esquina del bar, escribió unas palabras rápidas con una caligrafía imprecisa en el borde del billete de cinco euros.
Dedicó una última lectura a la frase que había anotado y dejó el dinero encima de la mesa para pagar su consumición.
La camarera, que había visto cómo el hombre escribía en el papel, cogió el billete despacio y leyó las letras de color azul.

"Soy muy feliz cuando estoy contigo. Eres increíble."

Luego volvió la vista hasta la mujer que se había llevado la última mirada de aquel extraño asiduo al bar. La joven se reía a carcajada limpia mientras un veinteañero le susurraba palabras al oído.
Suspiró mirando la puerta por la que había salido el hombre, mientras el corazón le latía triste bajo el pecho.

Dobló el billete y lo metió en la caja deseando que la próxima musa de aquel extraño fuese ella.


Comentarios

  1. Tal vez lo sea de otro sin saberlo, lo curioso de las musas es que no tienen que saber que lo son.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero a veces, quieren desempeñar ese papel en la vida de alguien que nadie les mira.

      Eliminar

Publicar un comentario

Poesía entrópica