~Listas que no acaban~

Me ha entrado la tristeza tonta otra vez.
He estado hablando con un amigo de mi futuro y del suyo. Hemos discutido por dónde irán nuestros caminos y algún "te voy a echar de menos" se ha escapado.

Y claro, estúpida yo, me he puesto a pensar.

Me he puesto a pensar en la gente. En mi gente, en mi vida de ahora mismo.
Me he puesto a recordar cada cara de cada persona que hoy en día tiene un papel en mi vida, por muy pequeño que sea.
Me he fijado en los tocapelotas que se sientan al final de la clase, y que siempre tienen la broma preparada para dejarte en ridículo. Me he puesto a pensar en la chica con el carácter fuerte que es totalmente impredecible, que tanto puede estar riéndose a carcajadas como pegando un chillido y haciendo que todos su cara dormida y sus "retírate de la vida tía" siempre me han sacado alguna sonrisa.
Luego, la francesita que se empeña en mostrar que no apenas tiene sentimientos y que los que tiene, están guardados en su corazón a cal y canto. Nadie sabe sus secretos y nadie los va a saber por mucho que se esfuercen en intentar conocerlos. La otra rubia, con una melena increíble que deslumbra a cualquiera. Que arrastra tras de sí un pasado difícil, pero que eso no le da motivo para llorar.

El típico que siempre hace bromas sexuales pero que acaba teniendo un corazón más grande que cualquiera de nosotros.
El que lleva conmigo desde que éramos mocos y que me saca dos cabezas, que estira la cabeza para copiarse de mi ficha de química y que en estados de embriaguez pura y dura, le entra hasta a las viejas de cuarenta años.

Tenemos por supuesto a los artistas de la clase. Uno de ellos recién llegado desde argentina, con un bolígrafo y un bloc de notas bajo el brazo con miles de dibujos impresionantes. También está la chica a la que le encanta dibujar, pero que se centra algo más en los estudios. Que da todo lo que puede, pero que sin embargo, a veces resulta insuficiente.

Me quedan los dos rompecorazones. Los dos chicos que vayan donde vayan, sacan alguna que otra sonrisa y consiguen que se abran algunas piernas. El de los ojos verdes que sabe más de lo que parece, y el idiota cariñoso que en lugar de ofrecerte un beso, te pega en la cara, para que tu te enfades. Luego te abraza y todo se olvida.

Y después de acordarme de todas estas personas, he pensado en el año que viene.
El jodido año que viene, donde todos nos separaremos y haremos de nuestras vidas caminos diferentes.
Todos y cada uno de ellos se sumarán a la lista de personas que echo de menos.
Por más que me empeñe, parece que esa lista no conseguiré acabarla nunca.

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Poesía entrópica