América, historia 2

Las ruedas levantaron arena del camino de grava en el habíamos aparcado. Bajamos del coche y fuimos hacia el puesto de madera donde un joven vendía hortalizas de su propia cosecha.
Las mazorcas de maíz, los tomates, los pepinos, los pimientos y los arándanos adornaban la encimera de madera.
El chico de no más de dieciocho años se levantó al vernos llegar. Nos atendió, colocó toda la verdura que habíamos comprado en unas bolsas de plástico blancas y nos cobró.
Cuando pusimos unas monedas en el pequeño cesto que había al lado de la caja, nos dedicó una sonrisa sincera, de esas que hoy en día casi nunca se ven.

Con cada una de esas monedas, la carretera hacia la universidad de volvía más corta.

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Poesía entrópica