Cambios.

Ha perdido sentido eso de escribir del amor. 
Ha llegado un momento en que todo lo que pienso y escribo me parecen las mayores cursiladas del mundo y las más falsas exageraciones que podría hacer. 
He perdido esa forma de verlo todo. 
Ya nada duele, prácticamente por que no logro sentir nada. Y no sé cómo interpretar eso. 

Sí, me parecen bonitas esas pareja que están todo el día juntas. Que se soportan y se aguantan en las malas y en las buenas, pero me han repetido tantas veces que el amor verdadero no existe, que he acabado por creérmelo. 
Lo veo todo demasiado efusivo, demasiado frío, demasiado triste o demasiado alegre. Lo veo todo diferente. 
No me sale la poesía de la misma manera, no me salen las palabras de la misma manera.  
Básicamente, no soy la misma. 

Cuando tocan un tema delicado de mi vida, no puedo contenerme y se me empañan los ojos, se me encoge el corazón, se me hace el nudo en la garganta. Se me enfría el alma. 
Cuando alguien me saca un tema que me afecta de golpe, que me sienta como un puñetazo en el estómago... Cuando alguien habla de eso, tengo que huir. Y la mejor forma de hacerlo, es callarme. 

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Poesía entrópica