Tenía que soltarlo.

No tienes ni idea de lo que ha sido mi verano.
Vale sí, he cruzado el charco, he cumplido mi sueño, he pisado Nueva York, he caminado por sus entrañas y he ido en metro.
Pero me he sentido más sola que nunca. 
Este verano ha sido muy duro, por que he pasado cerca de dos meses escuchándome a mí misma y eso da muchísimo miedo. 
Y apareciste. 
Apareciste con tus gorras planas, con tus indirectas directas, con tus menciones y tus fotos para puntuar. Apareciste estando en el mismo país que yo, y me parece muy estúpido que hayamos tenido que irnos a otro continente para saber de nuestra existencia.
Y llenaste la soledad. 
Conseguí que te quedases las noches conmigo, y a duras penas aceptabas que te fueses cuando no podías más. 
Conseguí sonreír sinceramente de nuevo y creerme que realmente existía alguien que se preocupase por mí.
Apareciste, como dicen los clásicos y los tópicos, y me rompiste los esquemas.
Pero es que cielo, tú me has roto hasta el alma. 
Te aseguro que alguna vez se me pasó por la cabeza quedar contigo, pero no me fiaba de ti. No me fiaba de nadie.
Pasaron los días mientras yo me volvía más dependiente a una pantalla de lo que he sido nunca, pero acabé perdiendo(te) y volviste a España. 
Lo peor de todo fue cuando me empecé a dar cuenta de lo que realmente estaba pasando.
Estabas pasando tú.  
Intenté pararlo. Intenté frenar unos sentimientos que ya no me pertenecían por que era imposible e improbable a partes iguales. 
¿Cómo alguien como tú se iba a plantear un sólo segundo, estar con alguien como?
Me tocó a mi volver y enfrentarme a mi propia realidad, cuando me di cuenta demasiado tarde que todo estaba yendo demasiado lejos. 
Y decidí encerrar el corazón, el alma y el cerebro. Sí, las tres cosas a la vez, por que ya no sabía qué hacer contigo, ni conmigo, ni con el desastre que era.
Y me he puesto borde, fría e indiferente. He intentado comportarme como alguien que no soy y jamás he sido. He intentado esquivarte, pero la literatura nunca miente (y menos la mía, que soy la persona más sensible que te puedes echar a la cara).
Hoy, ayer y toda la semana ha sido una mierda.
Después de la euforia del concierto todo se me vino abajo de nuevo con un viernes y un sábado de mierda.
Pero tú, como siempre, llegas justo a tiempo para destruirme y rehacerme a partes iguales.



Ah, y gracias por aparecer en mi vida. 

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Poesía entrópica