Daños colaterales.

Hoy he hablado de él.

Me han preguntado qué fue de nuestra historia y ni siquiera he sabido responder. Ni yo sé que pasó.
Ahora, después de muchos meses (llorando) sé que sólo fui un capricho.
Un
puto
capricho.
Y si es doloroso pensar que alguien es el capricho de otra persona, pensad lo que supone que yo misma diga eso.
A pesar de todo, he sabido sacar lo bueno entre todo lo malo y aprendí:
Nadie me va a volver a hacer tanto daño.

Podéis pensar que si sigo diciendo esto, es que no he superado esa mierda que llaman "desengaño", pero no es así. Lo tengo archivado, guardado, sellado, quemado y pisoteado. Tengo clarísimo que esa persona no va a volver a entrar en mi vida, y ni quiero que lo haga.
Pero aún así, mi historia va a seguir siendo la misma y no voy a poder evitar acordarme de vez en cuando.
Fue bonito mientras duró.
Dicen que de los errores se aprende, y que las caídas te vuelven más fuerte. Aparte de fuerte, me volvieron más fría, antipática y distante.
Pero bueno, siempre hay daños colaterales que nunca se pueden evitar.


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Poesía entrópica