¿No se admiten cambios?

Papá Noel se ha pasado hoy por mi casa y en un sobre rosa me ha dejado un vale por 20 euros. Lo vi, lo abrí y me volví a la cama.
Mi madre se acercó y le pedí que se quedase conmigo.
Lo del vale de 20 euros no lo escribiría si no fuese importante. Yo no necesitaba eso. Le pedí a mi madre que se quedase conmigo en la cama, que se tumbase por que la necesitaba allí.
Esta mañana yo no quería dinero, yo le quería a ella, conmigo, a mi lado. Que se tumbase y me dejase resguardarme en su pecho, que me acariciase el pelo como antes. Quería oír su corazón, su respiración, quería sentir como su pecho subía y bajaba.
Y me daba exactamente igual que estuviese saliendo el sol, que me molestasen los rayos en la cara, que se hiciese de día y pasase el tiempo. Daba exactamente igual que no supiese qué coño me iba a poner para la comida de Navidad.
Le necesitaba.
Y el vale de 20 euros lo devolvería por 20 mañanas a su lado.

Papá Noel, ¿No se admiten cambios?

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Poesía entrópica