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Me hundes con la misma facilidad con la que sonríes
y acabas en un segundo con toda mi flota
gracias a los diez cañones que tienes por banda.

Otro marinero muerto,
otro capitán herido,
otro barco naufragando en las costas de tu olvido.

Y huyo.
Mi huida toma forma de escapada desesperada,
se convierte en una despedida sin letras,
en un naufragio literario.
Huyo hacia cualquier sitio que me recuerde a ti,
hacia cualquier salida que tenga tu nombre.
Huyo hacia tus ojos por que me desnudan,
me desvisten
y me desarman,
Me vuelven débil y me recuerdan los diez cañones que llevas por banda.

Huyo,
corro,
me corro,
sonríes
y me hundo.

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Poesía entrópica