Se parece mucho a la libertad.

No quiero depender de alguien para ser feliz, ni quiero estar fijándome en lo que digo y en lo que hago. No quiero que la felicidad de alguien dependa de mi, por que eso no es ser libre. Eso es estar atada a unas circunstancias y a unos actos que debo hacer para mantener al mundo contento.
Quiero andar descalza por la playa en mitad de Abril y no atenerme a unas normas que alguien ha formulado. Quiero ponerme zapatillas cuando tenga que usar tacones, y no por el placer de llevar la contraria, si no por que odio ser más alta que mis posibilidades.
No quiero pintarme ni tener la necesidad de hacerlo. Que nadie me diga de qué manera tengo que vestir, con quien debo salir ni qué música debo escuchar. No quiero que me digan qué tengo que escribir, por que eso no es ser libre.
Quiero conocerme a fondo, desde dentro hacia fuera, cambiar las cosas que no me gustan de mi misma y rehacerme. Quiero deshacer y hacer la persona que llevo dentro. Quiero ser consciente de lo que necesito, de a quien quiero en mi vida. Quiero tener las ideas claras y no nadar en ese mar de dudas tan famoso, del que todo el mundo habla.
Quiero conocerme, por que últimamente no me reconozco.




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Poesía entrópica