Un invierno de colores en su espalda.

Me está enseñando a querer a escondidas
porque lo nuestro es demasiado grande para mostrárselo al mundo,
y todo el mundo pregunta,
comenta
y hiere,
pero nadie se entera de lo que está pasando dentro de estos dos corazones con complejo de sastre,
que bombean sangre a duras penas
y les cuesta seguir el ritmo de una vida demasiado rápida,
demasiado endeudada como para seguir sintiendo amor.

Me he dado cuenta de que un invierno de colores se esconde en su espalda,
que bailar pegados tiene otro matiz cuando estamos en la cama.
(aunque hayamos bailado y follado casi a partes iguales)
Me he dado cuenta de que la primavera tiene mucho que envidiar a su sonrisa,
que las duchas de verano se pueden provocar y aprovechar para otra cosa
y que el otroño está sólo y exclusivamente
para
comernos
la
boca
mientras tememos a que pase la vida.

Me está enseñando a amar de nuevo,
a hacer el amor,
a sacar esa poesía cursi y pastelosa que sólo se tragan los románticos,
a afrontar los lunes con una sonrisa
y a ser musa en su prosa,
poeta en mi literatura
y una guarra en su cama.

Me está enseñando a soltarme el pelo y a reconstruirme la vida
y eso
es
amor.

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Poesía entrópica