Precisamente por eso, estoy escribiendo esto.

Hoy no deberías leerme.
Voy a hacerte daño, como de costumbre.
No estoy hablando de arañarte la espalda hasta hacerte sangrar,
no estoy hablando de besarte y morderte hasta destrozarte los labios.

Se llama Deseo de libertad, y es imparable.

Quiero viajar sola,
quiero ir de lado a lado para demostrarme a mi misma que sí puedo,
que soy capaz de vivir en una sociedad cada vez más individualista.
Ahora que tengo oportunidades
no puedo permitirme el lujo de dejarlas escapar.
Ni por mí,
ni por tí,
ni por este amor incondicional que le debo a tus ojos.

Aunque parezca que no,
cuento contigo amor,
precisamente por eso estoy escribiendo esto.

Además, tengo muy buena memoria para algunas cosas,
y aunque no recuerde el nombre de una película o el argumento de un libro,
otras cosas se me han quedado grabadas a fuego
lento,
doloroso:
El amor y todos sus desastres y consecuencias.
Sus cenizas siguen incandescentes
y van a seguir así toda la vida.

El resultado de todo eso soy yo.
El resultado de todos esos rotos, descosidos y cosidos deshilachados,
soy yo.
El resultado fatal de toda esa historia tiene los ojos tristes y un alma que de vez en cuando,
echa de menos la soledad y el dolor.

Me gusta la soledad
y a veces dejo de ser yo para convertirme en un alma triste.
Me gusta la tristeza,
y la poesía que siempre, siempre, nace de ella.

Soy una romántica del siglo XIX,
que adora el dolor del alma
y a veces lo echa de menos.

Por eso,
por la libertad que no puedo dejar de querer,
por la independencia que llevo por bandera,
por los recuerdos de amores muy jodidos,
precisamente por todo eso
puede que pienses que eres unos labios más que pasan por esta boca.

Pero aunque parezca que no,
cuento contigo amor,
precisamente por eso estoy escribiendo esto.

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Poesía entrópica