Una ventana al mundo real.

Un vendaval está llevadonle miedos a mucha gente,
hay personas intentando escapar de un país en guerra,
hay atentados suicidas,
hay masacres en Israel y Palestina,
hay un asesino en serie saliendo de la cárcel un viernes santo,
hay un país en quiebra con un patrimonio histórico difícil de sostener,
hay contaminación matándonos lentamente
y estamos llevando una vida de mierda que nadie quiere cambiar.

Y todo está perdonado.
Y todos generalizamos y le quitamos hierro al asunto,
diciendo que el dolor nos toca a todos,
diciendo que nadie se salva.
Eso es excusa suficiente para no reaccionar frente al 21% que está salvando el país.
El PP no tiene nada que ver,
somos nosotros los que estamos levantando esto
y somos nosotros los que estamos siendo pagados con trabajos precarios y sueldos de mierda.

La lotería de navidad se alimenta con los desahuciados,
los comedores sociales aumentan,
los problemas para llegar a fin de mes son algo cotidiano,
la tristeza y el dinero se vuelven casi sinónimos,
y empobrecemos cada día más.

Había trabajo,
pero nuestra ambición hizo una burbuja de la que nadie quería salir
y ahora cosemos los calcetines rotos con la aguja que explotó todas las mentiras.

No nos queda nada.
La sociedad carece de virtudes.
Lo valores éticos que seguimos se resumen en Gran Hermano,
y mientras unos pocos ganan dinero participando en esos programas,
otros muchos se hunde en la pobreza.
La pobreza crece y destruye sueños.

Y mientras unos pocos se hacen ricos,
muchos nos hacemos pobres.
Y mientras unos pocos salen a la calle a manifestarse por nuestros derechos,
muchos se abstienen de votar.
Cuando esa es nuestra única arma verdadera.

Nuestra sociedad se resume en una canción de reggaeton en un examen de Selectividad falso,
y se regodean en nuestra desesperación,
y se ríen de nuestra ingenuidad.

Y mientras tanto no dejan trabajar al joven
pero explotan al anciano.



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Poesía entrópica