Hoy me siento vacía sin verte bailar.

Espero que puedas perdonarme, cariño.
Sabes que nunca te he fallado a propósito, y que las veces en las que no he estado ahí no ha sido conscientemente.
Sabes, espero que sepas, que he calentado el asiento de auditorios porque he querido. Porque he querido estar ahí viéndote bailar.
Sabes que me he intentado escaquear lo más rápido posible después de tus bailes sólo para ir a los camerinos por si necesitabas ayuda.
Esos bailes son y han sido una parte más de mi vida. Han sido como algo que había aceptado, algo a lo que debía ir sin cuestionarlo. Me he rebelado cuando no me han dejado ir, he cambiando comidas familiares o cualquier acto social por ir a verte. Incluso cuando no he tenido ganas de levantarme de la cama porque no había nada que me impulsase a hacerlo, he cogido carrerilla y me he plantado ahí, en el asiento que tus padres me han guardado rigurosamente durante años.
Sabes, espero que sepas, que adoro verte bailar, que he sentido como mi piel se erizaba, que incluso he llorado cuando he visto algo tan hermoso como tú encima de un escenario.
Y ahora, cuando todo parece ponerse en contra, te pido que me perdones.
Hoy no he podido ir.
Hoy es un lunes triste.
Hoy me siento vacía sin verte bailar.


Mucha suerte mi bailarina.

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Poesía entrópica