Berlín, una ciudad cargada de tristeza.

Berlín tiene sus seis letras cargadas de historia,
y las calles llenas de edificios tristes que recuerdan el dolor de todo el mundo.

Berlín se tiñe de gris casi todas las mañanas
y llora despacito todos los días.
Es una ciudad triste por su gente, sus calles, sus edificios iguales, su arte en ruinas.
Es una ciudad que todavía se está reconstruyendo.
El muro de Berlín está pintado de dolor y de desprecio
porque se superponen las letras, palabras y fechas de personas ignorantes que se han atrevido a escribir en esa piedra
a las imágenes de diferentes artistas que intentaron expresar el miedo de esos años de guerra.
Cuando alguien hiere de esa forma la historia me pregunto hacia donde vamos encaminados.

Su gente sigue conservando ese patriotismo que les condujo a dos guerras
y nueve de cada diez ciudadanos alemanes se olvidan de cómo hablar si les preguntas en inglés.
Me he encontrado con más personas pobres de las que me gustaría recordar,
algunas sin sonrisa,
algunas sin hogar.

La parte comunista y la parte capitalista siguen siendo diferentes.
Se ve a simple vista como las tiendas y el consumismo plagan la zona occidental,
y como lo edificios se vuelven perfectamente simétricos en el lado opuesto.

El frio no te cala los huesos,
pero el vaho se aleja de ti cada vez que respiras,
y los dedos dejan de ser tuyos cuando llevan más de 20 minutos sin probar el calor de los bolsillos.

En Berlín la historia se mete por todos los rincones,
y el parlamento se convierte en el Reichstag incendiado,
la isla de los museos en un sarcófago donde duerme el busto de Nefertiti,
Alexanderplatz deja de ser una simple plaza para ser la casa del símbolo berlinés occidental,
esa torre deja de ser una antena de televisión para ser la segunda construcción más alta de toda Europa
y unos bloques de hormigón pasan a ser un recuerdo del Holocausto alemán que te desorienta y te pierde entre tanto dolor y sufrimiento.

Ahora todo son recuerdos.
Ahora todo son fotos instantáneas que se han quedado grabadas dentro,
ahora todo son sentimientos.

Berlín ha sido, es y será una ciudad muy triste,
con una historia desgarradora guardada en sus paredes,
con los gritos encerrados bajo los adoquines,
con las marcas de las balas impresas en sus muros.

Lo más bonito de esta ciudad no tiene nada que ver con su nombre,
sino con haber dormido con el amor de mi vida,
despertarme siendo besada por sus labios a las siete de la mañana,
oír sus latidos
y gritar cuando pensaba que se iba.
Lo más bonito de esta ciudad ha sido perderme en el metro,
beber a escondidas,
caminar cantando por la calle principal,
compartir un café,
comprar postales,
y saltar delante de una catedral para intentar captar el momento del vuelo.
Lo más bonito ha sido tirarme por un tobogán y pensar que seguía siendo pequeña,
conocer a un camarero con ganas de bailar en mitad de un restaurante,
encontrar a una española delante de un centro comercial
y buscar por los pasillos del hotel a ese amigo que siempre se escapaba.

Lo más bonito de ha sido mi gente,
y esas ganas de perdernos por Berlín,
una ciudad cargada de tristeza.

Comentarios

  1. Imaginar que en Sociales estoy dando todo lo que ocurrió en Alemania, y llorar leyendo esto y es que llevas razon Berlin es una ciudad triste donde compartir momentos actuales felices...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que lo que tenga esta ciudad de atractivo sea esa contradicción que te causa.
      Es un sitio perfecto para darte cuenta de lo peligroso que es el ser humano.

      Un beso.

      Eliminar

Publicar un comentario

Poesía entrópica