A veces los cambios son necesarios y hay algo dentro de ti lo que te arrastra una y otra vez a conocer nuevos mundos. Unamuno escribió en su novela Niebla "el que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y no buscando cada lugar al que llega". Sin embargo no creo que eso sea lo que exclusivamente mueva a alguien que viaja. 
El gran cambio ocurrió hace unas dos semanas, pero no vengo a hablar de eso Vengo a hablar de personas. Conocer nuevas personas conlleva conocer nuevos puntos de vista, nuevas características, nuevos ojos, nuevas almas. Hoy quiero hablaros de una de ellas. 
Esta chica, no sé por qué, me causa una gran admiración. Tiene le pelo moreno, largo y ondulado, y siempre peinado desordenadamente hacia un lado. Tiene una sonrisa preciosa y es preciosa. Tiene esa belleza que a mi me encanta, una belleza que deja aparte los cosméticos y la superficialidad de la ropa bonita. Ella es guapa y punto. Tiene algo que llama la atención, pero no sé explicar con certeza qué es. Bebe cerveza y hasta la manera en que coge el botellín es diferente. Ayer se guardó la pegatina de una Mahou  en el bolsillo trasero del pantalón. Eso me hizo sonreír. Pensé que querría recordar esa noche, por una u otra razón y que yo hubiese sido parte de ella me hacía sentirme especial. Sus abrazos parecen igual de reconfortantes que un chocolate caliente en mitad del invierno. Y es inteligente. Inteligente a más no poder. 
Es una chica excepcional que ayer tenía la mirada triste. Y la tristeza no queda bien con esos ojos. 

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Poesía entrópica