Simple y puro amor.

Vengo a hablaros del amor, de ese amor que dura una eternidad y media y sobrecoge la distancia a base de pasitos cortos.
En consecuencia, vengo a hablaros de él. Y es que tengo que hablaros de él, es algo que me está pidiendo el alma desde que le veo por las noches.
Esa sonrisa, esa puta sonrisa que destroza cualquier centímetro entre nosotros.
Esos ojos que me regalan una mirada llena de algo que no sé describir. Quizá amor, quizá nostalgia, quizá miedo. El caso es que me miran y me hacen llorar.
Y lloro.
Lloro cuando le estoy mirando a los ojos a través de una pantalla,
cuando esos ojos me miran con un cariño indescriptible,
cuando le veo esa media sonrisa que tanto echo de menos,
cuando él llora, aunque lo disimule de puta madre.
Y lloro cuando cuelgo la llamada y la pantalla se apaga.
Pienso que puede ser la  última vez que le vea,
que no vuelva a escuchar esa voz nunca más.
Pienso eso, en la cantidad de cosas que puedo perder si lo pierdo
y en cómo sería mi vida sin el calor de sus abrazos.

Esto no es un amor preso que sólo concibe su mirada como forma de respirar,
no es tampoco un amor dependiente y carcelario.
Esto es amor,
simple y puro amor
que duele en las entrañas y te anega de pena el alma de cuando te falta.
Es amor que te llena de felicidad cuando te besa,
pero te destroza cuando se marcha.

Es amor,
simple y puro amor.


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Poesía entrópica