Cielos

Frida Kahlo preguntó un día si se podían inventar verbos. Se autorespondió y en ese mismo segundo inventó el verbo cielo, así sus alas se extendían enormes para amarle sin medida.

Yo no invento verbos, pero si creo poemas de vez en cuando que llevan tu nombre en cada una de sus letras.
Y es que eres mi cielo.
Cuando me muera quiero descansar entre tus brazos y así sabré que he llegado hasta la tranquilidad más absoluta. El séptimo cielo se queda muy por debajo de ti si hablamos de paraísos. Quiero seguir mirándote a los ojos y ver en tus pupilas el cielo tempestuoso que me remueve las entrañas. Quiero que me abraces  y me beses tan fuerte que el cielo de la boca se quede pequeño para tantas estrellas. Cuando esté sola y con la ventana abierta, será el cielo el que me vea llorar porque no estás a mi lado, porque no puedo agarrar fuerte tu brazo antes de quedarme dormida. Esa, cariño, es otra manera de perder el equilibrio y caer. Caer y estrellarme contra el suelo.
Pero ahí estarás tú cuando vuelva, cogiéndome de la barbilla y llevando mi mirada al cielo para que vea todas las cosas que aún me queda por vivir a tu lado.
No sé de dónde has salido, pero parece que te has caído del cielo para salvarme. Eres una manera de ver lo bonita que es la vida.
Moveré cielo y tierra para que esto salga bien, para que cada reencuentro sea tan intenso que tengamos ganas de gritar que nos queremos. Y partiremos el cielo, y lloverá de nuestros lagrimales toda la soledad que llevaremos dentro. Y nos abrazaremos de nuevo  hasta colocar todo lo que había quedado desordenado desde la última vez.
Prometo, alzando el puño desde el corazón hasta el cielo, que haré todo lo posible por volver a ver esos ojos llenos de estrellas

Mis alas se seguirán extendiendo enormes para amarte sin medida.

Y es que eres mi cielo.
Eres mi cielo porque contigo la inmensidad de esa bóveda celeste se queda corta,
porque me quitas la respiración como si fueses una tormenta desatada,
porque acaricias mi piel mejor que las nubes en un día de niebla,
porque tu boca sabe mejor que la lluvia en pleno Septiembre,
porque siento tus besos como cohetes descontrolados,
porque tus susurros suenan mejor que el viento.
Por eso eres mi cielo.
Y te cielo.
Y te quiero.


Esto no es una despedida amor. Esto es solo una nota amarilla que he dejado en la nevera para cuando vuelvas. No me esperes despierto.

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Poesía entrópica